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Deporte: ¿Qué pesa más en cómo envejecemos: los genes o la forma en que vivimos?

Durante décadas se ha asumido que la genética definía en gran medida cómo envejecemos y cuánto tiempo vivimos. Sin embargo, un reciente estudio publicado en Nature Medicine desafía esta creencia y refuerza una idea cada vez más respaldada por la ciencia: nuestro estilo de vida importa y mucho, sigamos practicando deporte!.

El estudio analizó datos de cerca de 500.000 personas del UK Biobank, una de las bases de datos de salud más completas del mundo. Los investigadores compararon el impacto de los factores genéticos con el del llamado exposoma, un concepto que engloba todo aquello que nos rodea y nos afecta a lo largo de la vida: alimentación, actividad física, tabaquismo, entorno social, contaminación ambiental y nivel socioeconómico, entre otros.

Los resultados fueron contundentes. Mientras que los marcadores genéticos explicaron menos del 2–3% del riesgo de mortalidad, los factores ambientales y de estilo de vida aportaron entre un 15 y un 20% adicional de capacidad explicativa. En otras palabras, la forma en que vivimos pesa mucho más que el ADN con el que nacemos.

Además, utilizando un reloj de envejecimiento proteómico -una herramienta que permite estimar la edad biológica a partir de proteínas en sangre-, los autores observaron que las personas expuestas a condiciones desfavorables, como estrés crónico, tabaquismo, contaminación o precariedad socioeconómica, mostraban un perfil biológico equivalente al de alguien varios años mayor. Por el contrario, vivir acompañado, mantener una situación socioeconómica estable y realizar actividad física de forma regular se asoció con un envejecimiento más lento a nivel molecular.

La conclusión es clara: nuestros hábitos y el entorno pueden hacernos biológicamente más jóvenes o más viejos que nuestra edad cronológica.

En este escenario, la práctica regular de deporte —y en particular actividades accesibles como correr— emerge como uno de los factores más potentes para influir positivamente en el proceso de envejecimiento. El ejercicio aeróbico sostenido no solo mejora la salud cardiovascular y metabólica, sino que también actúa a nivel molecular, reduciendo la inflamación sistémica, mejorando la función mitocondrial y modulando marcadores asociados al envejecimiento biológico. Estudios previos han demostrado que personas físicamente activas presentan perfiles proteómicos y epigenéticos más jóvenes que sus pares sedentarios, incluso cuando existen factores genéticos de riesgo. En ese sentido, salir a correr de forma regular no es solo una herramienta para rendir mejor o mantenerse en forma, sino una estrategia concreta para ganarle años al calendario, independientemente de la herencia genética.

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