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Correr más no siempre quema más: lo que la ciencia revela sobre el gasto energético en runners

El estudio de Pontzer y Trexler sobre el gasto energético total restringido tiene implicancias directas para la práctica deportiva y, en particular, para el running. Su principal conclusión es que el cuerpo humano no quema calorías de manera ilimitada a medida que aumenta el volumen o la intensidad del entrenamiento, sino que regula el gasto energético total diario dentro de un rango relativamente estable mediante mecanismos compensatorios.

En términos prácticos, esto significa que correr más no siempre implica gastar proporcionalmente más energía al día. En fases iniciales de entrenamiento —por ejemplo, cuando una persona pasa de sedentaria a correr regularmente— el gasto energético total sí aumenta de forma clara. Sin embargo, a medida que el corredor acumula volumen semanal y el cuerpo se adapta, el organismo comienza a compensar reduciendo energía en otros procesos, como funciones inmunológicas, inflamación basal, actividad espontánea (NEAT) o incluso ciertos procesos hormonales.

Para corredores recreativos y competitivos, este modelo ayuda a explicar por qué aumentar kilómetros no siempre se traduce en mayor pérdida de peso, especialmente en atletas que ya entrenan de forma constante. El cuerpo se vuelve más eficiente, no solo biomecánicamente, sino también a nivel metabólico. Correr 80 km semanales no necesariamente implica un gasto energético diario muy superior al de alguien que corre 40–50 km si ambos están adaptados al entrenamiento.

Desde el punto de vista del rendimiento, el estudio refuerza la importancia de la calidad del entrenamiento por sobre el volumen infinito. Incrementar sesiones intensas, trabajo de fuerza, técnica y recuperación puede ser más efectivo que simplemente sumar kilómetros, ya que el sistema energético tiene un techo funcional. Superar ese límite no aumenta el gasto, pero sí incrementa el riesgo de fatiga crónica, bajo rendimiento y RED-S (síndrome de déficit energético relativo).

Además, el modelo explica por qué los corredores de alto nivel requieren una gestión precisa de la energía disponible. Si el gasto total está restringido, entrenar fuerte sin ajustar la ingesta energética puede provocar que el cuerpo “pague la cuenta” en otros sistemas: menor recuperación, más lesiones o alteraciones hormonales.

En resumen, para quienes corren, este estudio cambia el enfoque clásico: no se trata solo de quemar más, sino de distribuir mejor la energía. El rendimiento y la salud no dependen de correr cada vez más, sino de entrenar de forma estratégica, alimentarse adecuadamente y respetar los límites fisiológicos que el cuerpo impone, incluso en atletas muy entrenados.

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