Nuevo respeto por la altura

«Signo de verticalidad, puente entre lo bajo y lo alto, la función de la montaña consiste en

comunicar las dimensiones terrestre y celeste. Semejante a un atanor alquímico, la ascensión

realiza la mutación del plomo en oro puro. Las revelaciones acontecen sobre las cumbres».

—Marie-Madeleine Davy.

Tres días previos a la carrera comenzamos con la mini preparación para el ultra sky a mayor altura del mundo, el Ultra Trail Mammut Andes Infernal. Esta preparación consistió en ingerir 4 litros diarios de líquido (agua, jugos, isotónicos, etc.) y hoy puedo decir que la sobrehidratación dio más que buenos resultados.

Foto cortesía Cristian Valencia
Foto cortesía Cristian Valencia

La hora de salida de los 28K estaba agendada para las 8:00 hrs. del sábado 20 de diciembre. Pocos minutos antes de la hora llegamos al lugar de partida y, previo chequeo de los elementos obligatorios y de medición del oxígeno, largamos. No hubo tiempo de socializar, de revisar implementos, nada, solo ponerse la mochila y a correr se ha dicho. O algo por el estilo, porque apenas comenzada la carrera ya nos vemos enfrentados a una subida bastante fuerte. Como la idea siempre fue guardar fuerzas para la segunda mitad de la carrera esta subida se hizo a paso lento, buscando entrar bien en calor y acostumbrarnos a la altura (3.000 m.s.n.m. en la partida).

La primera parte de la carrera se hace por terreno poco técnico y con una pendiente no muy grande, pero lo suficiente para alternar trote con caminata. El sol alumbra sobre nosotros y se hace sentir, tanto así que empiezo a sentir mucho calor, pienso que tal vez salí muy abrigado, llevo puesta con una primera capa manga corta y una polera manga larga. Una vez que llegamos a Piuquenes empezamos la subida fuerte y el calor se siente aún más. La dificultad del terreno, la pendiente, la altura y el calor se hacen sentir. Afortunadamente al llegar a la parte más alta de esta zona el panorama es completamente distinto. Sin cerros que nos protejan el viento hace de las suyas y el calor ha desaparecido. A nuestra izquierda, es decir, hacia Santiago, se ven nubes espesas que amenazan con alcanzarnos.

El reloj marca las 9:30, recién caigo en cuenta que nunca largué el cronómetro debido a lo justo que llegamos al horario de salida. Pienso que si largamos a la hora debemos llevar una hora y media de carrera y que por lo mismo ya debería haber entrado en ritmo. Así que los planos y falsos planos de este sector los alterno con trotes y caminata rápida. Sigo pensando en no matarme poniéndole más de lo que debo porque estoy en una situación no vivida antes, al menos en competencia. El viento hace de las suyas y empieza golpear con fuerza desestabilizando el cuerpo y quitándole calor. Una vez pasada la Falsa Parva y bordear La Parva volvemos a vernos enfrentados a subidas más abruptas. Pienso en lo poco corrible del circuito, al menos para alguien de mi nivel, y pienso en los muchos corredores que deben hacer estas partes corriendo. Me doy ánimos pensando en que en la bajada me desquitaré.

Foto cortesía Patricio Valdés
Foto cortesía Patricio Valdés

Como el viento seguía haciendo de las suyas mis manos y cara empezaron a mostrar síntomas nunca antes sentidos. Mi cara se empezó a adormecer, esto se sentía principalmente en los labios cuando trataba de escupir y la boca no respondía como la mente quería. Y las manos, pese a que llevaba guantes, las sentía congeladas. Es cierto que los guantes no eran los pro que llevaba en la mochila, así que en una parte de la subida en que no pegaba tan fuerte el viento me saco la mochila y decido cambiar los guantes por los más abrigados. Me costó mucho abrir los cierres de la mochila y sacar los guantes. Las manos realmente no respondían. Cuando logro sacarme los guantes y veo mis manos tenían un color entre amarillo y verde muy poco saludable. Me pongo los guantes gruesos, la mochila y a seguir trepando.

Toda esta parte de la carrera es nueva para mí, lo más lejos que había subido había sido hasta la cumbre de El Pintor. Así que me dejo llevar por la belleza, armonía, colores y silencio absoluto de la zona. Los kilómetros previos al puesto de control de Federación fueron espectaculares, mucho roquerío, subidas muy empinadas con mucha roca suelta, nieve, agua, todo coronado con un acarreo final con muchos desnivel. Al fin algo de bajada y un trote más rápido hasta llegar a la carpa de la organización en Federación en el punto más alto de nuestra distancia, 4.200 m.s.n.m. Me hacen sentar, me piden el dedo índice, control del nivel de oxígeno, todo en orden, me ofrecen un café con un sandwich de queso. Me tomo mi tiempo para comer, ya que no había consumido nada más que el isotónico de mi mochila. Una vez terminado decido que ahora sí me pondré el cortavientos y a seguir se ha dicho.

Al salir de la carpa me doy cuenta que las nubes progresivamente fueron subiendo hasta llegar a nuestro nivel, lo que se traduce en una espesa niebla que no deja ver muchos metros más adelante de nuestra visión. El frío se hace sentir, así que la combinación de frío más la bajada hacen que esté todo servido para, por fin, empezar a apretar un poco el acelerador. Empiezo a correr fuerte en las bajadas y agradezco lo bien marcado del circuito, de otra manera con la escasa visibilidad todo hubiese sido distinto. Es una lástima que el ambiente esté tan cerrado, porque me imagino la vista en estos sectores debe haber sido bellísima. Considerando esto solo queda espacio para concentrarnos en la bajada y tratar de agarrar ritmo, ritmo que es varias veces interrumpido por el paso de arrieros en mulas, como el camino es angosto no queda más opción que hacerse un lado, esperar que pasen y continuar.

La humedad mezclada con el frío se hace sentir. Mi vista se empieza a ver nublada, me paso las manos por los ojos y me doy cuenta que mis pestañas estaban con pequeñas gotas congeladas, algo similar pasa con la manguera de la mochila de hidratación. El isotónico sale un poco frappé debido al frío. Veo mis calzas y la transpiración se ha ido cristalizando, pese a esto no siento frío, buen síntoma.

Después de mucho rato de bajada y pequeñas subidas llegamos a una subida fuerte previa a otro puesto de control. Nuevo control de oxígeno, me ofrecen pasar a la carpa a comer algo, pero me avisan que quedan solo 5 kms, así que prefiero seguir sin detenerme. Bajadas, una última trepada fuerte que debo caminar y de vuelta a correr, lo más que se pueda, a quemar los últimos cartuchos. Ya voy cansado, he jugado con la respiración al límite para evitar vomitar y lograr mantener el ritmo, trato de escuchar sonido de audio que me haga sentir cerca de la meta, pero nada, silencio absoluto. Otro pequeño puesto de control donde anotan mi número y me dicen que no queda nada. Sigo bajando, escucho voces muy bajas y de repente veo gente a mi lado, banderas vela de Andes Infernal y los últimos metros previos a la meta, llegué… Felicidad.

Consideraciones finales

La carrera es dura, muy dura. Y estoy hablando de los 28K, pero es tan dura como hermosa. Si respetas la distancia, la altura y te preparas a conciencia encontrarás en Andes Infernal un reto que puede marcar un antes y un después de tu vida como corredor.

Respeta los artículos obligatorios. Si bien es cierto hay revisión de este equipo la recomendación pasa porque los lleves a mano. Un porcentaje de estos artículos están pensados en usarse en caso de contingencia, como es el caso de la manta de seguridad, luz química o silbato, pero hay otros artículos que serán usados durante la carrera. El cortavientos, guantes, balaclava trata de llevarlo todo a mano porque los vas a necesitar. Y si tienes la posibilidad de llevar artículos de calidad, mucho mejor. Es una carrera tan dura que dejar cualquiera de estos aspectos al azar es dar demasiada ventaja.

En su segunda edición Andes Infernal nos abre las puertas a un mundo tan cercano como desconocido, y no podemos estar más agradecidos por esto. La carrera tiene un potencial enorme y estamos convencidos que va en camino a convertirse en un clásico del calendario nacional e internacional. La presencia de Karl Egloff definitivamente ayudó a esto.

Andes Infernal, nunca el infierno estuvo tan cerca del cielo. 

 Galería de fotos Mammut Andes Infernal.

 Foto principal cortesía Paolo Avila | [email protected] | +569 8730 4454

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