Mi 1° carrera importante -románticamente hablando-

Siempre he elegido conscientemente carreras “importantes” para debutar en nuevas distancias y toca que inconscientemente -aunque ahora lo veo claro – siempre las elijo en el sur, que para mí tiene un encanto especial, además que me viene mejor el frío que el calor y por culpa de mis vértigos los terrenos blandos y amables me acomodan mucho más.

Mi primera carrera considerada “importante” -románticamente hablando- fueron mis primeros 21K en Patagonian International Marathon, septiembre 2013.

Con mucho menos de un año de diferencia, después de haber atravesado por lo que Murakami llama el síndrome “tristeza del corredor” donde dejé de correr del todo y volví a fumar con la consistencia que lo hacía antes, contra todo pronóstico decidí inscribirme (a raíz de una “apuesta” al voleo con Rulo y JC que ya estaban cansados de bancarme corriendo distancias de nena) para correr mis primeros 42K, comúnmente llamada maratón.

Mi preparación fue como empezar a correr de cero, todo de nuevo. Desde 7K en febrero, aumentando progresivamente hasta llegar a correr una sola vez 33K dos semanas antes de la carrera, para luego parar con el entrenamiento a fines de marzo.

Durante estos meses me entrené con amigos, especialmente Rulo quien aparte de acompañarme en mis trotes fue de vital ayuda en el trabajo mental para creerme el cuento de que podría lograr terminar una maratón con dos meses de preparación, ya que decidí además dejar de pertenecer a un club de running y vérmelas sola con mis ganas, mis motivaciones, mis falencias y mis ritmos. Decidí que iba a ser una corredora que disfrutara tanto de las carreras como de los “entrenamientos” (palabra que detesto), que no tenía que estar en todas, que no quería seguir llegando a las líneas de partida a reconocer contrincantes sino amigos y compañeros de ruta; que el crecimiento quería experimentarlo desde las distancias y las horas, no desde la comodidad de ir ganando velocidad en distancias “fáciles”. Que en definitiva esto se trataba de un trabajo conmigo misma, de que el cerro era mi terapia y mi escuela de vida por sobre otra cosa.

El bolso estaba hecho hace una semana, pensando en todos los escenarios climáticos posibles.

El día planificado para tomar el bus hacia San Martín de los Andes despierto con un fuerte dolor de garganta, tres días antes de la carrera. Qué miedo, se me pasó por la cabeza no correr frente a la posibilidad de no terminar. Siempre he sido así, la opción de abandonar mientras estoy en la carrera no existe para mí, nunca, menos por cansancio o quedarme corta en capacidades. Soy pésima para tomar remedios pero ante el panorama decidí aplicar una sobredosis de vitaminas, antiinflamatorios y descongestionantes. La garganta decidió no aflojar y la lluvia incesante en San Martín durante los días previos a la carrera tampoco ayudó a mi recuperación, pero era una carrera demasiado especial como para no correrla.

Es curioso como en el contexto de mi familia y amistades que no corren, el optar a lograr completar una carrera como los 42K es una odisea tremenda y para ellos soy una heroína (incluso para mí, que en algún minuto pensé que era lo máximo a lo que podía aspirar) y retirando mi kit vuelvo a tener esa sensación que experimentó cada vez que participo de una carrera de trail: esta distancia se considera un juego para iniciados. La distancia que cobra más protagonismo son los 100K, pasando por 63K y 84K. Una locura para la mayoría, incluso corredores principiantes. Lo que es para mí, ya la miro con otros ojos respecto de mis inicios, y quizás algún día me atreva a correrla. Corroboro lo de perderle el respeto a las distancias, esto en el cerro es un hecho, yo creo que deviene del vicio que te provoca que tu cerebro se transforme en un río, no una vasija (harina de otro costal que merece mayor profundización).

Entrando en lo concreto.

Es la carrera más bonita que me ha tocado correr. La estrategia elegida fue hacer de los PAS mis etapas a superar. Una a una.

Partiendo con temperatura bajo cero, los increíbles paisajes hicieron de los primeros 15K más duros un espectáculo con nieve en la cumbre, donde intenté moderarme, mal que mal, superado mi techo de 33K, me esperarían 10K finales a los que no me había enfrentado en mi vida y en los que no sabía como iba a reaccionar mi cuerpo; me convenía guardar fuerzas para eso. Primera etapa superada, coronada con un té caliente y el primer cambio de ropa. 10 minutos invertidos en ese momento.

Un falso plano descubierto de 10K siguiente cuando el sol ya empezaba a calentar un poco y a derretir el hielo, me ayudó a entrar en mi esperado trance que me permitió correr a paso corto pero sostenido sin parar hasta llegar al próximo PAS en el KM26, segunda etapa superada. Abandoné ahí una bolsa con lo que ya no venía ocupando, otros 10 minutos. Me acordé de JC y en su nombre me tomé al seco un vaso de Coca Cola. Nunca pensé decir esto pero: panacea. Mega recuperada volé por los senderos como si hubiese empezado la carrera recién (bastante sorprendida de mí misma, porque ni siquiera vuelo cuando efectivamente estoy empezando) hasta llegar al último PAS del KM35, tercera etapa superada acompañada del primer llanto, ya lo había logrado, a estas alturas no había nada que me cambiara los planes. Últimos 7K, por supuesto los más eternos donde aparecen los dolores por culpa de la ansiedad de llegar y el fin de los senderos que me mantenían entretenida hasta ese momento, la cabeza que me acompaña estoica la carrera entera a estas alturas decide hacer de las suyas (aunque una niñita en la ruta que me preguntó si me quedaba algo y le regalé el último Milky Way que me quedaba logró desviar mi atención). Vuelta a la derecha, entro al pueblo y asfalto recto hacia el pórtico, llanto número dos. Lo hice, mierda.

“Gracias cuerpo por aguantarme este capricho” no podía pensar en nada más. Mi organismo había sido capaz de olvidar su resfrío por 6 horas y aceptar lo que le impuse. Subir y bajar cerros, pasar frío, atravesar 5 cauces de agua y lograrlo.

El terreno semi-técnico muy corrible ideal para debutar en esta distancia, los puntos de abastecimiento increíbles sobre todo las personas que los atendían que hasta me ayudaron a sacarme la ropa que me iba quitando de encima, me llamaron por mi nombre y me abrazaron cuando fue necesario. Una organización que no dejó nada al azar. Me atrevo a decir que perfecta, para mí que no uso geles, porque he escuchado a un par de personas que les hicieron falta.

Imágenes gentileza Mariano Paz http://www.fotosdeaventura.com/
Imágenes gentileza Mariano Paz
http://www.fotosdeaventura.com/

Excelente localidad que aloja al evento y todo el esfuerzo de las tiendas y restaurantes ofreciendo descuentos a corredores. Un grupo de personas que entienden que una actividad deportiva puede funcionar como atractivo turístico que se traduce en ganancias, ítem a considerar para mis compatriotas organizadores, hora de promover nuestro hermoso país!

Enorme emoción también de haber sido parte del proceso de mis amigos Moisés, Mauricio, Quinta, Matías, JC, Fernando y Rulo; todos felices finishers de los 100K. Los admiro un montón y aprendo de ustedes.

Encantada de contar que corrí mi primera maratón con mis primeras y únicas zapatillas que he tenido, mis queridas NB 630 All Terrain, y que les voy a seguir dando ruedo hasta que se me vea un dedo.

Soy de las que defienden el correr liviano, correr a sensación. Insisto en que no hay tecnología que marque una diferencia sustancial en el rendimiento durante una competencia ni para evitar lesiones. Ni calcetines, ni compresoras, ni bastones, ni polainas, ni relojes, ni música, ni geles, ni zapatillas galácticas.

Sobre todo para alguien de la media como yo, que rara vez tiene acceso a ir liderando una carrera. Eso dejémoslo a los elite.

En el correr largas distancias no hay otra cosa que sea más importante que la cabeza, certeza número 1. Que el cuerpo tiene mucha memoria, certeza número 2. Y que la fuerza de voluntad puede moverte entre montañas durante un largo rato, certeza número 3.
Desde mi cama con mocos verdes, garganta cerrada, boca con aftas por el exceso de medicación previa, nariz cocida y una medalla.

Atte los saluda, 4093. 

Araceli Paz

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