La misión es perseverar

Decidí inscribirme a La Misión tal como lo he hecho la mayoría de las veces… Porque me habían dicho que es una carrera difícil (160 km por los cerros de Villa La Angostura, Argentina) y el nombre es desafiante, la carrera partía un día sábado a las 11:00 am y teníamos 75 horas para terminar la distancia.

El día viernes anterior a la carrera después de registrarme, vi que no existía marcha atrás.

Sabía que habría 2 campamentos, uno en Villa Traful (km 60) y el otro en el Club Nautico (km 110) y había pensado en correr toda la carrera sin dormir en ninguno de los campamentos.

En la primera etapa, de 60 km, me perdí después de tres horas de carrera, tuve que retroceder para encontrar nuevamente el camino, había perdido casi 1h30 en eso pero no había perdido la carrera. Después de ese traspié me dediqué a avanzar lo más rápido posible intentando recuperar el tiempo perdido. Lamentablemente, las subidas iguales a murallas no me permitían ir tan rápido como hubiera querido entonces no teniendo otra opción más que caminar las subidas y trotar en los planos y las bajadas.

En el último tramo de la primera etapa, ya oscuro, me encontré con el patrullero de un control y tuve la mala idea de preguntarle cuanto faltaba (generalmente, no pregunto porque prefiero correr sin saber) y me contestó: 200 metros hasta la cima, 6 horas hasta el campamento.

En ese instante me acordé que en la charla nos habían dicho que la palabra clave es la paciencia; más que paciencia creo que la palabra clave de La Misión es: perseverancia.

Llegué al campamento 1 a las 1am y retomé mi ruta a las 2am. Afortunadamente, la noche no estuvo muy fría y a pesar de los numerosos ríos que tuve que cruzar avancé sin parar durante toda la noche y la mañana del día siguiente.

Según mis cálculos, estaba cerca del campamento 2 y mi sorpresa fue tremenda cuando llego a un control y los patrulleros me comentan que no era así, sino que solo era el último control de la 2° etapa y que antes de llegar al campamento 2 todavía faltaban 15 kilómetros, o sea 5 horas. También me informaron que era la primera mujer así que les contesté que a pesar de que me había quedado sin comida no me quedaba otra opción más que seguir. Me ofrecieron una media luna, traté de juntar toda la energía posible y seguí adelante. Era cerca del mediodía, hacía mucho calor y me faltaba por subir el cerro O’Connor antes de llegar a un hilo de montaña. Mi estrategia siempre fue avanzar sin pensar en el tiempo. También sabía que en ningún momento me podía quedar sin agua.

En la última bajada antes de llegar al campamento 2 realmente me sentía cansada y empecé a tenerle miedo a la tercera etapa. Dudé en seguir durante un buen tiempo pero logré convencerme que con mucha voluntad, se puede lograr cualquier cosa…

En el campamento 2 me estaban esperando y no me atreví a decirle a mi pareja que no sabía si lo lograría. Al final eso me obligó a seguir y salí del campamento 2 a las 4pm del domingo.

Por lo anterior, ahora creía que se venía la parte más difícil de la carrera, los últimos 50 km. Efectivamente fue la parte más complicada ya que al anochecer tenía mucho sueño y me costaba mucho avanzar, a esta altura de la carrera empecé a tener alucinaciones, llegando a un control, el patrullero me indica que todavía faltaban 5 horas para llegar a la base del último cerro. Un corredor me ofreció comida para que recuperara energía, lamentablemente la comida no tuvo mucho efecto y llegando a la base del último cerro otro el patrullero nos comentó que nos faltaban 6 horas aún para terminar, en ese momento iba corriendo con otros dos corredores y ninguno de nosotros se esperaba tal noticia. No dejaba de repetirme que el patrullero se había equivocado ya que a pesar que estaba agotada, estaba segura que faltaban menos horas.

En la madrugada del lunes hacía frío y la única opción era seguir moviéndonos ya que quedarnos a descansar un rato, significaba quedarnos dormidos. Al mismo tiempo, estaba cerca y muy lejos de la meta.

Empecé a subir el último cerro tambaleando, no quería parar… Trataba de convencerme que la meta estaba cerca. Mis 2 compañeros se quedaban atrás, muy cansados…

De repente, vi un cartel indicando LLEGADA con una flecha hacia abajo… Les grité que lo habíamos logrado!!! Ahí pensé que de verdad me llevaría a la casa la famosa medalla que había venido a buscar… Empecé a correr y correr lo más rápido que pude… La verdad es que mientras más corría y más me daba cuenta que todavía faltaba mucho, ya que estaba en un bosque del que no salía nunca para tomar el camino que me llevaría a la meta, pero no quería parar.
Llegando a la ruta empecé a llorar de emoción, no podía creer que lo había logrado. Me encontré con un corredor que iba caminando y le di ánimo, entonces él también se puso a trotar detrás de mí. Llegué a Villa La Angostura sin saber muy bien realmente en donde estaba (producto del cansancio seguramente). Seguía corriendo lo más rápido posible. A unos metros de la meta fue maravilloso ver que me estaba esperando mi pareja.

Recorrí los 160 km en menos de 43 horas, llegué primera de las mujeres. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto de una carrera y ahora les puedo decir que realmente es una experiencia loca!!! 

Fabienne Nazarian

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