Frontera Trail: Algo de lluvia y un poco de barro

13988295_1260540900655202_8044364536989254917_oViajé a Temuco con grandes expectativas, luego de 3 vuelos desde El Calafate (Buenos AiresSantiagoTemuco); y sólo con comentarios de “algo de lluvia y un poco de barro”. Sin saber bien con qué me iba a encontrar. Frontera Trail sería mi novena ultra. Para mi, estas carreras en las que compito no son sólo carreras. Son desafíos. Yo no soy un atleta de elite. Soy de esos que luchan para ganarle al horario de corte.
Gracias a grandes amigos que me dio la montaña, la noche anterior pude descansar unas horas en una cama. Y esa madrugada a las 05.00AM daba comienzo FronteraTrail, para mi, una de las ultras más difíciles de terminar.
Aunque los primeros kilómetros los corrimos en total en oscuridad, fueron muy “amigables”. A medida que el tiempo transcurría, y la luz del día nos iluminaba los senderos, también nos acompañaba la lluvia. A cada paso, el terreno se hacía cada vez más pesado. Encontrar caras conocidas y poder compartir cuestas, barro y senderos dentro del bosque fue bueno.
13938483_10202120140122820_5265900842301701111_nPero las montañas, el barro, la lluvia y el cansancio del viaje, me golpearon fuerte esta vez. Fue en el km 30 que tuve una extraña sensación de angustia. Habían pasado 06:30’hrs de carrera; y sólo me quedaban otras 03:30´hrs para poder llegar al Punto de Corte. Y viendo el mapa de los siguientes 15K, dibujado en mi dorsal, no era muy alentador. A esa altura ya era todo barro. Y comencé a quedarme de a poco. Mi ritmo no era el de hacía unos minutos atrás. Tampoco el circuito lo permitía, porque se hacía cada vez más trabado. En ese momento me alcanzó Alejandro, un corredor de Santiago, con quien hablar me hizo muy bien. Y fue hablando con él, que tomé fuerzas para “volver a la carrera”. “Si, vamos que llegamos Rafael” me dijo; y a los pocos minutos comenzábamos otro ascenso fuerte. Ya en el km35, aparecía una luz de esperanza, aunque el mapa asustaba por la montaña más alta que debíamos subir. La lluvia que iba y venía, comenzó a caer mucho más fuerte lo que hizo esa etapa muy dura.
Luego de varias cuestas de mucho barro y bosques, llegamos al Punto de Corte. Después de este punto, me encontré corriendo con alegría. Había dejado atrás las horas de angustia. Entendí que dentro de mi debilidad, se escondía mi fuerza. Y que las imágenes fuertes de los momentos más duros de mi vida, estaban vivas. Y algunas de ellas, las volví a escuchar.
En Diciembre de 2002, estuve en coma luego de un grave accidente. En 2003, volví a aprender a caminar. Hoy, se que los imposibles, sólo son cuestión de tiempo.
Ayer, llegué a casa después de 3 días de viaje desde Temuco; les conté de mis horas de angustia y de cómo traté de ganarle al horario de corte por miedo a no poder traer la medalla; y sólo escuché un «No importa Pa, yo te hacía una» Pablito.
El mismo que en Febrero de 2015, corriendo juntos una carrera de cross country me dijo:
Pa, un corredor de montaña nunca se rinde”.

Rafa Lim

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