El Origen 2016

Para quienes no conocen, El Origen Powerade es una carrera de trail running de 3 etapas que se realiza en la Patagonia Argentina, este 2016 fue el tercer año en Villa la Angostura. Es una carrera que sorprende por su organización y por la dedicación y atención con los corredores, pero por sobretodo por el genial ambiente que se da entre todos los corredores. Esto quizás a algunos les parece «obvio» dado que es una carrera de 3 días, pero a diferencia de otras no todos los corredores están alojados donde mismo, no es obligación aunque varios lo hacen. A pesar de estos en el primer día de competencia ya todos se conocen, comparten y compiten sanamente en torno al deporte.

El Origen tiene diferentes modalidades en sus dos distancias de 50k y 100k
– Individual: general varones, general mujeres (unas máquinas las argentinas), categorías por edad (en los 100k)
– Duplas: femeninas, masculinas, mixtas. Todas ellas con general y categorías que se separan según la suma de años de la dupla.

Cada almuerzo y cena es una grata sorpresa, de esas que uno agradece de sobremanera. Más que las típicas hamburguesas de uno de los tour que se hacen en Chile. Pastas, sandwich de carne recién asada, lentejas, pizzas a la parrila, ¡hasta un asado con un asado al palo nos tocó!

Bueno, dejemos eso de lado y hablemos de la carrera misma. El Origen es una carrera de la productora TMX Team, a la que pareciera que no se la va ningún detalle. A la hora de acreditarse ya se saben el nombre de muchos novatos, más que alguna reacción positiva me tocó ver y escuchar. Un kit completo para el formato de carrera donde vienen 3 poleras (manga corta y larga deportiva más una primera capa manga larga técnica), un bolso impermeable exquisito, platos, vaso y mug. Las poleras son obligación usarlas, esto normalmente lo considero un «contra» pero acá son de una tela que poco importa, hasta se agradece.

Una vez entregados los kits inmediatamente es la charla técnica global. Precisa y concisa donde abarcar todos los detalles de la carrera y dan algunos consejos a tener presente cada día. Terminada, a comer rápido, dejar las cosas listas y a dormir.

Día 1: Subir, bajar, subir, bajar y «plano»

Ya nos tenían advertido que era el día más duro: 34k con 2600m de desnivel positivo concentrados en su mayoría en los primeros 18k. Partimos, unos 500m de cross, cruzamos la autopista con el respectivo resguardo policial y…pum! a subir el Cerro Bayo. Nada preámbulos.

Tomamos la ruta y los primeros kilómetros de cerro eran de tierra, del tipo que estamos acostumbrados en la mayoría de cerros de la zona central de Chile. A eso del km6-7 ya aparece la comentada ceniza que nos acompaña por un par de kilómetros. En el km8 nos dividimos las dos distancias, a los 100k nos tocó bajar por otra cara del cerro. Una bajada exquisita en medio del bosque, bajada muy rápida donde todos parecíamos niños haciendo competencia quien bajaba más rápido mientras al mismo tiempo buscando la ruta y los espacio para poder adelantar.

¡Genial! ¿El único problema? Después, toda esa bajada había que subirla. Ouch… cómo dolía. Todos a paso firme y constante hacia arriba, apenas nos daba un respiro la pendiente se aumentaba el ritmo pero no eran mucho. Cuando lográbamos salir del bosque la subida continuaba, ahora un poco más leve pero con ceniza. En la cumbre nos recibía un fuerte viento que levantaba la ceniza y armaba una mini tormenta de arena. Lentes con protección lateral es lo ideal.

Posterior a ello una larga bajada de ceniza hasta adentrarnos a un bosque, seguido por terreno de tierra, compartiendo unos kilómetros más con los de 50k. Una vez pasada la meta de estos, 8k que parecían interminables. Eran rápido, muy rápido en el papel, pero en la práctica los falsos planos pasaban la cuenta aunque nadie quisiese bajar el ritmo. Finalmente llegamos a una orilla de lago, unos 300 mts hasta llegar a la meta y finalizar el primer duro día de competencia.

¿Y qué creen si terminamos en la orilla del lago? ¡Al agua pato! Qué mejor recuperación que el agua fría del lago más elongación. Al más puro de un atleta, repeticiones pero de agua fría y sol. ¿La guinda de la torta? Masajes por alrededor de 15 min por corredor y en la noche un asado de cordero al palo.

Día 2: ¿Patagonia o desierto del Sahara? + coastering

Despertador, luchar contra Morfeo, dolores al levantarse, a la ducha y desayuno. Así partía el segundo día de competencia. El bus de acercamiento, más conocido como «El Salchicha» (típico bus escolar tipo Simpsons) nos lleva hasta Bahía Manzano, lugar de partida y llegada. Partiríamos unos 50 metros en la playa, para tomar un camino de tierra por algunos kilómetros hasta adentrarnos en el bosque por otros kilómetros. Poco a poco comenzamos a subir y la vista es realmente espectacular. Entre los árboles y el cambio de vegetación se pueden ver los lagos que hay en la zona. Alucinante.

Dejamos el bosque y de inmediato nos da la bienvenida la ceniza, mucho más suelta que el día anterior. Enfrentamos una subida que nos saca de ritmo y donde va terminando esta está el gran Tucu (Marcelo Tucuna, fotógrafo) y otra persona de la organización. Pregunta el número y nos advierte de ponernos el rompeviento para lo que se viene. Por supuesto, algunos no hicimos caso… Era mejor tomarlo en cuenta dado que se veía un cruce por el Sahara.

¿Patagonia? ¿Sahara? No tienen mucho que ver, ¿no? Bueno, en el camino a la Cumbre del O’Connors y los filos por los que pasamos había un viento tremendo. De esos que no te dejan ni usar los bastones y te hacen correr inclinado hacia los lados, recordando los vientos de Punta Arenas. El problema no era el viento, ¡si no lo que levanta! Ceniza que golpeaba fuerte, no dejaba ver por lo denso y además se iba uno que otro grano a los ojos. El día anterior había sido unos 200m o algo así y con un viento mucho más suave. Acá fueron varios kilómetros que hizo que la carrera fuera entretenidísima. Incluso mientras iba corriendo me decía «listo para ir a cualquier carrera en el desierto». Sinceramente una de las mejores experiencias en los cerros. Duros kilómetros que nunca me imaginé estar metido en algo así en la Patagonia.

Luego de la travesía del Sahara patagónico comenzaba una bajada de ceniza por alrededor de un kilómetro y adentrarnos al cerro. Donde además empalmábamos con la ruta de los 50k. Bosques complejo por la cantidad de raíces, por lo que escuché muchos se cayeron producto de esto. En mi caso, resentí en la bajada la cantidad de ceniza en las zapatillas. Si bien tenía dos pares de polaines, ductape en toda la zapatillas y leukoplast en los dedos pulgares del pie… la ceniza se las arregló para molestar al punto de tener que parar y sacarla. Esto me resintió en ese trayecto alejándome un tanto de los 3 punteros.

Muchas bajadas, terreno tipo XC y una subida corta pero muy empinada nos llevan hasta la famosa base del Cerro Bayo. Todos hablaban de esta y por mi lado recién supe cual era una vez que me fui de ella, jajaja. Al parecer era un punto de referencia importante, pero uno que es forastero, ni idea.

De acá bastante bajada hasta que aparece el Río Correntoso. Acá con bastones en mano me sentía cual Doctor Octopus (ver Spiderman si alguien no lo conoce) y pude recuperar bastante terreno perdido: el famoso coastering partía acá, una presentación para el día siguiente. Bastones bien firmes entre las rocas y a darle. Agua fría en los pies ayudaba a la recuperación y a paso firme hasta salir a la desembocadura. Finalmente, alrededor de 1k de playa donde todos sacamos la energía de los más adentro posible para competir como si fuesen 100m planos.

Meta cumplida. Al agua pato, a elongar, comer y repetir varias veces. Un rico almuerzo de pizza a la parrilla y sandwich de carne. Y a la noche plato de lentejas que levantaba muertos y a dormir.

Día 3: A transpirar todo lo que queda y el costering sigue penando

Este era mi idea, al menos donde ponía todas las fichas para acortar distancia. Partimos en Bahía Brava, unos 200m de playa y escalera por alrededor de 800m. Acá tenía que hacer valer el entrenamiento en vistas a la maratón de la Muralla China. Me logré meter adelante, solo me pasó un chico local de 50k. Alrededor del k2 me alcanza «El Rata» (Ignacio) quien había ganado los otros dos días. Con el nos fuimos a ritmo firme por la península y cruzando el Bosque de Arayanes. De las cosas buenas del cerro, íbamos «conversando» y me daba algunos tips para lo que se venía de carrera. La conoce perfecto, como la palma de la mano.

Llegamos al final de la península, punto de hidratación que casi no logro usar dado que apreta el paso y parto tratando de pillarlo.

Solo este día, en el recorrido la ida y la vuelta comparten varios kilómetros. Logro divisar los que vienen detrás nuestro, saco cuenta y lo único que queda es apretar, no aflojar y mantener hasta el final.

Genial el apoyo de todos lo participantes el cruzarnos, mucho ánimo que se siente y se agradece.

Correr, correr, correr… el GPS cumple la función para lo que lo uso, mirar el ritmo y decirme «apreta/acelera/mantiene». No queda otra. Enfrento nuevamente las escalera pero ahora de bajada. La primera cuesta cambiar el ritmo, luego sin pensarlo a darle con todo.

Salimos a la playa y está el puesto de hidratación. Por suerte está el Director de Protección Civil, Marcos Arretche, que ha estado todos los días ayudando y habíamos conversado bastante el día anterior. Sin bajar el ritmo me acompaña unos metros y me ayuda con refrescar. Si vienen algunos metros de playa y ahora sí que sí el famoso «coastering». La misión es seguir al ritmo lo más parecido posible. Resultado: imposible. ¡Qué mierda de terreno! No hay otra forma de decirlo. Durísimo. Tucu nuevamente en ruta da ánimo y me cuenta como va «El Rata» adelante, me propongo pillarlo. Un poco más alla, pese al esfuerzo por ir rápido y luchar con el terreno, aparece desde atrás Maxi (el que había salido segundo los otros días). Cual Heidi entremedio de todas las rocas, me logra adelantar a menos de 1k de la meta. Continuo a paso firme tratando de pillarlo, se empieza a escuchar la música de la meta. Salen desde lo más adentro todas las energías para la última lucha… Llega primero «El Rata», luego Maxi y enseguida yo.

La bienvenida y la meta, emocionantes. Un lugar mágico con un ambiente muy cercano. Todo el staff nos recibe y felicita. «Cómo pelearon, che», «Volaron», «Casi no llegamos a verlos en la península», etc eran frases que eran lejos el mejor piropo. Las chicas se llevan el abrazo y el sudor de los corredores que llegaban con sonrisa de oreja a oreja.

El ambiente, ojalá se pudiese hacer «copy-paste» a otras llegadas. Se hacían nudos en la garganta. Todos son recibidos como campeones, nadie se va. Hidratación, masajes y un almuerzo espectacular de canelones de verdura son parte de esto. Cada corredor es anunciado y recibido, todos hasta el último. Para el último corredor son todos avisados apenas le quedan un par de kilómetros. Todos quienes están en la meta reciben al último corredor con aplausos. Una chica que junto todo a su grupo generan una imagen realmente conmovedora (casi se deshidratan! jajaja)

La guinda de la torta la da la ceremonia de premiación, donde están casi todos los corredores. Se comparten las fotos y videos de todos los días. Risas, carcajadas, «awww» dan a mostran lo cercano del ambiente.

Una carrera redonda: entorno fabuloso, producción pulcra y ambiente envidiable. 

Ignacio Rodriguez Aedo

Solo Running

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