Altos de Lircay, cerrando con broche de oro

El sábado recién pasado fue la última fecha del circuito de carreras organizado por la productora Latitud Sur Expedition, encabezada por Pablo Garrido (tremendo corredor chileno para quien aún no lo conoce) – ¡ojo! queda una fecha de Trail Experience Huerquehue y otra de Kilómetro Vertical. Este circuito está compuesto por cinco carreras: Alhué, Putaendo, Aguas de Ramón (trail nocturno), Til-Til/Lampa y -tal como dice el título de este post- cierra con broche de oro Altos de Lircay.

La Reserva Nacional Altos de Lircay está ubicada en la Región del Maule, desde Talca hacia al interior. «Si esta reserva no conoces, ir debes tú». De verdad, ¡agéndala! ¿Qué mejor que desconectarse de todo un fin de semana a un lugar relativamente cerca de Santiago? Y, ¿qué mejor que hacerlo en una carrera de trail que se lleva a disfrutar todas sus bellezas? Tanto en esta carrera como las otras de la misma productora, no cabe más que felicitarlos por las rutas y parajes que nos llevan a disfrutar.

La ruta es sinceramente espectacular, este año estuvimos en gran parte de la ruta de los 48k corriendo (por problemas tuve que abandonar) y tomando fotografías de los corredores con tremendos paisajes (al final del relato va el link). Trataré de describirles brevemente la ruta y darles algunos tips: partimos entre bosques en un camino de autos, poco a poco nos internamos, comenzamos a subir por un sendero para una persona – en partes falta espacio hasta para bastones-, seguimos y seguimos subiendo… no termina nunca! hasta que aparece la nieve. Esta nos acompaña hasta la meta volante, que está en la cima del Cerro Peine. Luego comienza un baja y sube muy rápido con nieve hasta alrededor del km 16 para la ruta de los 30k y 48k.

Como «tip», soy de los -pasteles- que siempre lleva lentes y nunca los usa y, haciendo honor a Murphy, por supuesto que esta vez no los llevé… como nunca los extrañé, el brillo alrededor de la nieve lo único que me hacía pensar que a toda persona le recomendaría llevar lentes. Agrego a lo anterior, ¡llevar bastones! Eso sí, aprender a usarlos antes, si no les puede jugar en contra. En lo personal y a modo de ejemplo, cerca del km 3 me tomó un dolor de estómago que no me dejó en paz. Dicho esto, llevé bastones «por si acaso». ¡Menos mal! Los terminé usando mucho. Gracias a ellos y a pesar de estar con un malestar acorté mucho la distancia con la punta. De que sirven… sirven.

Bueno, volvamos a la ruta. Luego de varios kilómetros de sube y baja, disfrutando de la nieve entremedio de los cerros, viendo algunos flujos de agua, el Volcán El Descabezado y pasando por El Enladrillado (como dato freak, lugar de avistamiento de ovnis y supuesta pista de aterrizaje) entre otras tantas cosas a disfrutar, comienza una bajada larga y técnica. Imposible dejar de ser un niño ahí. Con dolor y todo me tiré a correr a disfrutarla y saltar de piedra en piedra. Muy lindo ahí encontrarse con gente que va subiendo haciendo trekking y que dan ánimo en ruta. De las cosas que nos falta por estos lados del mundo. Luego de varios kms de bajada se llega al punto de abastecimiento y punto de corte, el único de la carrera. Ese punto se visita dos veces, dado que uno sale de él y se encamina hacia el Valle del Venado. Ahí -dicen- que se pone muy buena la carrera.

Como mencioné más arriba, lamentablemente me tuve que retirar y justo camino a dicho valle. ¿Lo peor de todo? Primera vez que me retiro de una carrera y más encima justo camino al lugar de la reserva que no conocía… y sigo sin conocer. Y bueno, habrá que sacarse la bala el próximo año.

En esos 18 km de ida y vuelta al valle, otros corredores me describían la ruta como durísima. Piedras en varios lados que le daban un toque bien técnico y agotador. Se agradecían todos los cruces de agua donde meter los pies. En algún momento comienza una bajada infernal que luego del retorno se transforma en una subida infernal. Ahí es donde se manifiesta el cansancio y las estrategias de los corredores se hacen ver.

Luego vuelven al punto de abastecimiento y de ahí la vuelta -esa sí se las puedo comentar. Desde el punto de abastecimiento hacia la meta el sendero es entre bosques con afortunadamente poco sol. Es muy rápido y con bastantes repechos. Alrededor de 4 km «nuevos» hasta cruzarse con el sendero de autos al interior de la reserva que se realiza al principio hasta justo antes que comience la subida al Peine. Una vez que uno llega a ese punto pareciese que no queda nada, pero ahí comienza a pegar el sol y los corredores llevan más de 40 km. Hasta los más rápidos me tocó verlos bastante exhaustos en esta parte de la ruta. Uno ve el terreno y quiere volar, meter 5° y acelerar. Si bien el terreno no es técnico, es un tanto complicado por la fatiga en el cuerpo y la piedras pequeñas en el suelo. Más de alguno por ahí se le veía tropezando. Cuidado con eso.

Últimos metros y la anhelada meta. Como si todo lo anterior fuera poco una fría cerveza Volcan Descabezado nos espera en la llegada, la vida es dulce. En fin, el broche de oro para un circuito de trail running lleno de emociones, lugares llenos de magia y belleza inigualable. Si no tuviste la oportunidad de ir a esta fecha de Altos de Lircay la recomendación es que la agendes desde ya para el próximo año, no te arrepentirás. 

Ignacio Rodriguez Aedo

 Galería de fotos Altos de Lircay | Circuito Trail Running by LSE.

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