Alhué; Del Diablo y Espíritus

El día antes de salir de Santiago quise conocer un poco más sobre nuestro próximo destino: Villa Alhué, un lindísimo pueblo asentado en una hermosa cuenca entre cerros a unos cuantos kilómetros al sur de la capital. En mapudungun Alhué significa ‘lugar de espíritus’ y leí por ahí que hay muchas historias y leyendas que cuentan de Espíritus que hablan y de aquelarres de brujas en las cuevas de los cerros aledaños.

Con este aire de misterio en la mente observaba los cerros despertar la mañana del día sábado, rumbo a la salida de la primera fecha del Circuito de Trail Running Latitud Sur Expedition. Bajamos del auto todavía tibios del breve viaje y nos despiertan un cielo celeste y un aire frío con perfume a campo: Santiago nos hace olvidar lo lindo que es llenarse los pulmones de oxigeno puro, y camufla los verdaderos colores del amanecer. Las caras conocidas son muchas y entre retiro kit, etapa al baño que es siempre un ‘must’ se nos vuela el tiempo y ya estamos encajonados para la largada de los 17 km: a mi lado está Paula y poco más atrás Pia (mi par, invitada de MedPro) comparto con ellas un liviano nerviosismo aunque la noche anterior fue todo un bromear y molestarnos sobre nuestras respectivas performances y secretos técnicos en competencia.

Partimos. Mis dedos del pie están dormidos por culpa del frío (deben haber unos 8/10 grados) y me cuesta un montón correr bien los primeros metros y no logro entrar en calor: menos ayuda la primera subida que nos sorprende lenta y violenta justo a la salida del pueblo. No calenté las piernas y al comienzo de la pendiente llega el primer tirón de pantorrilla. Levanto la mirada del piso hacia el cerro y se dibuja rápidamente una caravana de colores cerro arriba: parecemos hormigas ordenadas y silenciosas marchando hacia… hacia no sé dónde porque no tengo ni idea de la altimetría ni de la dificultad del recorrido. Me dejé llevar por el entusiasmo de volver a correr en cerro después de cuatros meses de puro asfalto: cambiar la proyección desde horizontal (calle) al vertical (cerro) requiere una preparación mental que sin duda hoy no tengo. Hay una voz que me sopla estas palabras en el oído y me hace dudar de lo que estoy haciendo: me hace dudar de mis pasos, paro, miro atrás con mirada melancólica las últimas casas de Alhué… estoy que me devuelvo. Los primeros seis kilómetros son una subida constante en tierra dura, el gemelo me está atormentando y en las bajadas ni puedo aprovechar del vuelo porque hay rocas con arenilla que no dejan pisar bien. De hecho se está creando un choclón detrás mío porque mi poca agilidad campestre y mi paso Robocop cortan el ritmo de todos… De a poco a cada movimiento brusco sigue un tirón del cuello: los amigos de MedPro han estado tratándome a último minuto para que pueda competir saliendo de una tortícolis pero una semana de inactividad se está tomando el desquite! Me siento presionada, apuro el paso, pie derecho en una roca lisa… frrrrric! Resbalo… trato de recuperar apoyando el izquierdo eligiendo el peor lugar… frrrrac! Resbalo de nuevo… Me voy a peso muerto hacia la izquierda, aleteo como un pájaro para recuperar el equilibrio. En un segundo pienso que estoy a punto de comprarme el cerro y que esto dolerá mucho. Pero algo muy raro pasa, como si algo o alguien me sostuviera por la polera: y no caigo al piso, levanto la cabeza y sigo corriendo, muy confundida. Casi! Exclamo yo, «sin miedo» añade el chico que me viene pisando talones. Sin miedo corres tú! Enojada con el mundo entero lo dejo adelantarme y camino tranquila la última subida hacia el espejismo… Perdón, el abastecimiento.

La mente y las piernas de lana me están haciendo trampa, decido entonces que es hora de decidir qué será de mí: me devuelvo o cambio el switch. Me tomo unos minutos para comer fruta y rehidratarme con isotónico: miro alrededor y es todo una hermosura – Me siento el diablo adentro, alaraca, mala persona por haber tratado tan mal estos lugares mágicos. Hilares de montañas son el encaje perfecto para la bella Alhué que nos guiña el ojo desde su valle. Me alcanza Alejandro, una mirada rápida y ya sabe que necesito compañía. Pasado el km 7 el cerro cambia cara y yo también: es todo un sube y baja muy corrible, juego con ramas y rocas, juego a pillarme al Ale que se escapa corriendo como desgraciado por las pendientes del cerro. Ahora veo los colores, ahora huelo el perfume a boldo, ahora escucho el ruido de mis pasos. Mis ojos están atentos a las marcas porque los senderos engañan y es fácil desviarse. Abro los brazos, aprovecho de toda la zancada y siento que corro rápido, algo me sostiene y me empuja en bajada: es como si el aire estuviese más denso para piso firme el pasto seco y sus grietas; de pronto debo dejar atrás a Alejandro que anda maldiciendo el cielo porque le duele ‘un cachete especifico’ (su atención para el detalle me causa mucha risa) y me preparo a enfrentar la subida infernal que nos llevará de vuelta a la confluencia de todas las distancias. Se escuchan lamentos subir por el valle, gritos de esfuerzo muy ridículos, señal de últimas energías que abandonan las piernas. Sonrío porque me siento feliz siendo parte de todo esto.

Corro, corro como una maldita disfrutando del sendero que se transforma en camino de tierra. Falta poco, poquísimo y me da pena pensar que todo esto ya está terminando. No quiero cruzar esa meta, me devolvería al hechizo de esos cerros, de sus espíritus habladores. Dice la leyenda que aquí nació el Diablo y que enamora las mujeres para que sean suyas.

Un agradecimiento especial es para todo el equipo de MedPro que logró enderezarme permitiéndome correr, y correr cómoda. Gracias por la invitación y por darme la oportunidad de disfrutar de estas emociones! 

Paola Castelvecchio

 Resultados Circuito Trail Running by LSE Alhué.

 Galería de fotos Circuito Trail Running by LSE Alhué.

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