Yo no amo correr

Se viene el día del amor (14 de febrero), comúnmente se hace referencia al amor de parejas, pero, tal vez, es bueno hacer una reflexión respecto a un objeto de amor distinto, algo intangible, algo simbólico, pero a veces igual de complejo, el correr. Para muchos señalar que el running es una pasión es, sin duda, una linda declaración, pero se queda corto y con falta de contexto.

Tomaremos como referencia lo que plantea Sternberg, “El amor como constructo teórico estaría compuesto por tres componentes (pasión, intimidad y compromiso)”. Veamos qué tiene que ver esto con el running.

No cabe duda que la pasión es uno de los sentimientos más poderosos en una relación y mas aún cuando tu objeto de amor es el correr, ¡lo conoces, te enamoras!, te inscribes en todas las carreras, evangelizas desde el correr -todo por supuesto desde una mirada idealizada, desbordante y experimentando el frenesí en cada carrera o entrenamiento-. Esa pasión se nota y el otro que no corre, no la comprende, -algo de razón tendría, pues no hay más sustento que ese ímpetu que se refleja-. Cada corredor desarrolla esta capacidad de intimidad según sus relaciones anteriores (sea con deportes o con personas), ¿Relaciones intensas pero cortas?, ¿Voy de deporte en deporte, disfrazándome con la indumentaria del deporte en cuestión y no duro más que un par de meses? Una nueva prenda al closet, una nueva relación a tu currículum. Esta fase, debemos señalar que decae con el tiempo para dar paso a la intimidad (ojo, no son excluyentes).

La intimidad no se mantiene constante a lo largo de la relación, pero sin duda, debe fortalecerse, es una de las etapas de consolidación, te pones a estudiar cosas del correr, se crea un conocimiento profundo (pisadas, indumentaria, tipos de entrenamiento, etc.) y te sientes con confianza de mostrar a un otro (que corra o no) lo que sabes – esta vez sí es con sustento-, tal vez, por una “maduración runner”. La frecuencia de autoexposición disminuye, capaz que no te inscribes en cada carrera de fin de semana, ahora las seleccionas, sigues con rigurosidad un plan de entrenamiento, lo que en ningún caso significa que la relación de intimidad con tu objeto de amor haya desaparecido. Por ello, ves con curiosidad a aquellos que publican cada trote, carrera o kilómetraje en Facebook, reconoces y sabes que le quedan etapas por quemar.

Por último, el compromiso, este componente es la tercera pata de la mesa, no basta con pasión e intimidad, esto puede ser superfluo y durar poco, comienzas a correr de un momento a otro, te muestras encantado y de un día para otro dejas de hacerlo, no existiría amor de verdad, faltó consolidación, tal vez, solo sublimabas (los puedes reconocer en las redes sociales). Este amor ideal, requiere de tomar una decisión, amar el correr y comprometerse a mantener esa relación en el tiempo ( y esto puede entenderse incluso como sacrificio, levantarse temprano a trotar por ejemplo), no debes correr porque tus compañeros de trabajo lo hacen, no debes correr porque tu novia/o lo hace (¿Los novios/as pasan, el correr queda?), debes correr por que lo tuyo es una relación de amor.

Entonces, ¿Eres de los que se declaran amor completo por el correr? 

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  1. Ni tan locos | Solo Running - […] correr era un asunto racional (para más al respecto, ver la reciente columna sobre correr y amar: Yo no…

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