Una Chilena en el Triple KV / Italia

Camino a la partida siento  la humedad en el ambiente, el  cielo está claro, pero algunas nubes amenazan. Las predicciones del tiempo alertan tormenta eléctrica, pero la organización no ha cancelado el evento. Ya en el arco de partida, nos informan que si las condiciones del tiempo empeoran cortaran la carrera y deberemos bajar, por nuestra seguridad, esto fue el KV en Italia.

Llaman a todas las féminas a ponerse en el arco, ya que partiremos todas juntas 30 minutos  antes que los hombres ,de esta forma se acorta la brecha de corredores en la montaña.

Cuenta regresiva, largamos. Son 1,7 kilómetros de llano por la ciudad de Susa, nos lidera una moto la cual no podemos sobrepasar, el tiempo comienza a correr cuando pasa la primera corredora, de ahí comienza el cronometraje para el resto.

Menos 3000m Desnivel +

Comenzamos a correr por las calles de Susa, en una partida controlada hasta el kilómetro 1,7  el cual no era parte de la distancia de la carrera. Una vez terminado el llano, nos metemos inmediatamente a un sendero que comienza suavemente a ascender. Llevo bastones que utilizo los primeros metros, pero me doy cuenta que me quitan energía y decido dejar de usar. La transpiración es mi debilidad junto con los planos. El ambiente está extremadamente húmedo y transpiro como nunca. El puesto de hidratación estará sobre los 1000 de desnivel, por lo que debo mentalizarme. Pasamos por varios terrenos, desde rústicos escalones de piedra, barro y hierba. Cuando mi cuerpo se resistía a la idea de seguir a toda máquina sin una gota de agua, escucho gritos de aliento, y se que estoy cerca de algún punto de control e hidratación. Bingo, agua al fin. Me mojo toda la cabeza y bebo como 500cc de agua. No supuse que debía portar hidratación, pensé que sería suficiente con lo que la organización nos proporcionaba.

Menos 2000m desnivel +

Ya hidratada y más fresca,  continuo por una transición de subes y bajas muy suaves, más bien plano. Veo a poca distancia mucho movimiento y ruido, algo hay ahí. Trato de mantener un buen ritmo. Pasé el primer corte,  suena el chip, me hidrato nuevamente y no pude resistir comer un trozo de jugosa y dulce sandía. Miro lo que viene y me armo de energías. Esta es la parte con más desnivel. Es una zona de hierba, sin sendero, donde si bien hay banderas que indican el camino, debía buscar donde poner los pies. Hubo momentos en que me era más fácil usar mi instinto prehistórico y adoptar la posición cuadrúpeda para optimizar la energía que requerían mis piernas. No use los bastones, los puse de una forma muy cómoda entre mis axilas  y el chaleco de hidratación, que lleve sólo porque era indispensable portar una capa impermeable, buff y guantes. Una vez terminada la hierba, comienza un sendero muy marcado y el terreno cambia abruptamente, seco, muchas piedras apiladas, y rocas empotradas en el terreno por la erosión.

Menos 1000m Desnivel +

En medio de la hierba y la más vertical  ascensión hay un letrero que indica que quedan 1000 metros de desnivel positivo. Bien, solo queda un tercio, que más da… o es como comenzar un KMV. Termina la hierba y las banderas nos indican seguir fuerte y derecho, vislumbro el sendero de montañistas bien marcado a nuestro costado, pero claro, hace zig-zag- y no es tan macabro. Nosotros continuamos hacia arriba, de vez en cuando nos metemos al sendero y volvemos a salirnos siguiendo las marcas que la organización puso. A pocos metros el último refugio está a la vista, lugar del segundo corte, no tengo idea como voy de tiempo porque corrí sin reloj, así que pongo todo de mi parte para llegar lo antes posible.

Paso la alfombra, suena el chip, aplausos de quienes nos animan , me hidrato y continuó, al parecer quedan 300 metros solo de desnivel ( es lo que una señora me dijo), pero se sienten interminables, mi mente y cuerpo comienzan a sentir el cansancio, pero sé que estoy tan cerca que no bajó el ritmo, trato de mantener mi mejor performance. Fuera del sendero, entre muchas piedras sueltas, y rocas empotradas en la montaña es indispensable mantenerse alerta, una caída a esa alturas no sería nada conveniente. Y por fin entro en tierra derecha, el sendero que culmina en la cumbre de Rocciamelone, cuerdas fijas, escalones de piedras, y verticales acantilados son parte del paisaje. Últimos metros y casi no respiro, me falta el aire pero me sobra la motivación.

Llegó a los más alto, satisfacción corre por mis venas, nada arruinaría este momento, no por ahora al menos, no sabía lo que se me vendría. Tomo un par de fotos para inmortalizar el momento, Me hidrato y a bajar se ha dicho, aun viene lo más complejo y debo llegar sana y salva.

El Descenso:

La temperatura comienza a descender, es momento de usar el equipo obligatorio, me pongo mi tercera capa impermeable, buff en el cuello y guantes. Las nubes que amenazaban  en el pronóstico del tiempo eran ahora una realidad, a lo lejos se siente el ruido de los truenos, y pocas gotas de lluvia caen sobre nosotros. A medida que avanzo con cautela pero lo más rápido posible, lo que viene no parece alentador. De pronto, Granizos, nos advierte el clima que no hay tiempo, bajar rápidos es la única opción. En solo segundos, la caída de granizos, se volvió intolerable, truenos y relámpagos sobre nuestras cabezas, y cuando digo sobre, es literalmente encima! Aterrador era el panorama, el dolor de los granizos, en mi cuerpo me hicieron dudar que hacer, pero sabía que solo debía salir de ahí, veo un par de corredores en cuclillas cobijados en unas zanjas, imaginé que no soportaban los granizos o bien le temían a los rayos, y quien no, la verdad que estaba aterrorizada, tenía mis bastones plegados en la mochila entre mis axilas y eso me ponía muy nerviosa, de pronto… paff, sentimos un ruido escalofriante seguido por un golpe en la tierra y electricidad que corrió por mi cuerpo, miré  hacia atrás y todos los corredores cerca al igual que yo, nos agachamos de manera inconsciente, comprendí de inmediato, que los rayos estaban literalmente cayendo en nuestros pies. Fue entonces cuando la suposición de salir de ahí no era suficiente, tenía la certeza de que corría peligro mi vida. Bajé lo más rápido que pude, al principio pensaba, “me va a caer un rayo”, e inmediatamente dije… “ ¡no!, podré morir en la montaña, desbarrancada, un accidente, lo que sea, pero no por un Rayo” así que cambié el chip y fui pensando solo en poner bien mis pies y bajar a toda velocidad, además de soportar como miles de piedras pequeñas caían sobre mi piernas desnudas. Por fin veo a lo lejos el Refugio del que nos hablaron a los 1.800m donde nos bajarían buses, aunque podíamos seguir bajando a pie, con el frio que tenia, no era una opción, mis piernas estaban tan congeladas y adoloridas que solo necesitaba descansar en un lugar protegido.

El Refugio:

Entré al refugio, me llamó la atención que había corredores afuera, después entendí que estaban esperando impaciente los mini buses para bajar. Es que el camino era estrecho y sinuoso, lo que hacía muy lenta la retirada de todos los corredores. Una vez adentro, busco donde acomodarme, estaba repleto, pero se sentía en el ambiente la empatía entre todos, aunque a algunos nos tocó más dura la tormenta, eso creí, porque me enteré más tarde donde hospedaba, que a un chico le cayó un rayo en el bastón, y que afortunadamente tocó el suelo e hizo tierra lo que ayudó que no fuera tan grave, de igual forma terminó en el hospital, no entendí mucho los pormenores porque me lo dijeron en Italiano.

Una vez encontré un lugar para sentarme, me saque la capa impermeable y los guantes, con el Buff me comencé a secar las zonas que tenia descubiertas. El refugio estaba muy cálido, con calefacción y calor humano. Como no lleve dinero a la carrera, no supuse lo necesitaría, no podía comprar nada, moría por un té caliente o una sopa. De pronto comencé a sentir mucho frío, y me di cuenta que la Cruz Roja estaba asistiendo a quienes tenían golpes, heridas y demás, y a su vez entregando mantas térmicas. Fui por una de ellas, me atendieron tan bien, muy preocupados por que tenía todo estilando, pero la manta fue confortable, así espere mi salida, sentada en un sillón, cubierta completamente con la manta térmica. Un rato más tarde, me levante y  busque la forma de ponerme encima mi chaqueta, y la manta entremedio, así podía moverme y estar atenta a la salida de los mini buses.

¿Han escuchado decir “a la gente buena, le pasan cosas buenas”? bueno, no se si sea tan buena, pero creo actuar lo mejor que puedo. En este escenario de cobijo y espera, aparece mi ángel guardián, se acerca un señor, que al parecer era el administrador o encargado del refugio, y me ofrece algo así como sopa, bueno, eso fue lo que entendí, le digo que no tengo dinero, y me responde que no necesito, al minuto llega con un vaso de té caliente y azucarado.  Creo que lo estaban dando a los corredores sin costo, pero yo no me había enterado, de no ser por ese amable hombre. Y cuando creí ser muy afortunada, paso lo más increíble, llega este mismo hombre con un dulce entre sus manos, y sus ojos sonrientes. Era una especie de pie con frutos rojos, que agradecí enormemente. Con la carrera terminada, la manta , la bebida caliente y el dulce, no podía estar más agradecida. Pero la vida no deja de sorprenderme, ya me había hecho el ánimo de esperar un buen tiempo más la llegada de minibuses, cuando se me acerca una mujer de la Cruz Roja, preguntándome si estaba sola, asentí, y me dice si quiero irme con ellos. Era la gota que rebalsaba el vaso, de lo bueno claro.

Una vez agradecida por todo, me dejan en la plaza de Susa, donde retorno a mi hospedaje, que para mi ventaja quedaba un poco más afuera del centro y debía subir un par de cuestas que servirían para soltar piernas.

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