Un chileno en Vibram Hong Kong 100 Ultra Trail

Desde hace ocho años estoy enfocado de manera amateur en competir en maratones, y hace un par de años, junto a mi hermano Felipe Mora, nos empezó a dar vueltas en la cabeza la idea de probar carreras de trail y de ultra trail. Siempre nos ha gustado mezclar actividades y salir de la monotonía del riguroso entrenamiento que implican las maratones. Por eso, meter un par de esas competencias en el calendario anual ya se nos ha vuelto una costumbre.

En mis planes deportivos de 2016, además de incluir dos maratones, Boston y Berlín, tomé la decisión de empezar el año con un desafío diferente. La primera fecha del Circuito Mundial de Ultra Trail coincidía con la ciudad donde iniciaría un viaje familiar: Hong Kong. Inmediatamente pensé que era una buena idea dar comienzo a las vacaciones y al nuevo año con una carrera de buen nivel, y fue así como a principios de septiembre pasado me inscribí en Vibram Hong Kong 100 Ultra Trail (HK100).

El proceso de inscripción fue relativamente fácil. Dentro de los 1.800 cupos (a los cuales aplican aproximadamente 4.000 corredores, mayoritariamente de Asia) se reservan inicialmente cinco cupos para cada país del mundo. Como yo era el único chileno, quede automáticamente adentro.

Con la fecha ya escogida y con el desafío ya propuesto de correr mis primeros 100 kilómetros, era hora de pensar en como incluir un periodo de entrenamiento específico para un ultra en el intermedio de mi proceso para dos maratones. Una vez terminada mi participación en la Maratón de Buenos Aires, el 11 octubre de 2015, y con el estímulo de haber conseguido mi mejor tiempo en maratón (2:40:21), empecé la planificación junto a mi entrenador Augusto Mandujano. En el ambiente de las maratones acá en Chile aún es extraño mezclar ambas actividades manteniendo un rendimiento competitivo a nivel amateur (algo que en el mundo, especialmente en Estados Unidos, es más común, inclusive en atletas profesionales), por lo que suponía un desafío personal interesante tanto para mí como para mi entrenador. Afortunadamente nunca tuve dudas, pues lo que más me motiva son precisamente esos retos nuevos y las experiencias diferentes.

Por primera vez tuve a disposición 12 semanas para hacer un trabajo completamente enfocado en el volumen y fuerza necesaria para afrontar los 100km de una manera “competitiva”, para no ir simplemente a “pasear”. Partí entonces con mi mujer (gran acompañante en todas las locuras que se me ocurren) a nuestro destino. Fueron necesarias 34 horas de viaje para recorrer la mitad del planeta y llegar finalmente a Hong Kong la noche del lunes 18 de enero, cinco días antes de la carrera.

Mi primera impresión fue que Hong Kong era una ciudad muy rara para llevar a cabo un ultra trail. Es una ciudad muy grande y llena de edificios enormes, y uno no pensaría que está rodeada de hermosos paisajes donde se pueden desarrollar competencias de estas características.

Los días previos a la carrera estuvieron marcados por el clima. Para el sábado, día del evento, se pronosticaba una temperatura inusual en Hong Kong. Usualmente, en esta época del año el clima no es un tema para preocuparse, más allá de la humedad que siempre impera en la zona. Pero esta vez tendríamos que correr durante el día más frío que se habría presentado en los últimos 70 años, lo que incluiría granizo y hielo en las partes altas, sumado a la humedad que no bajaría.

Afortunadamente había empacado equipo para todas las condiciones, y solo tuve que comprar unos guantes por si el clima se ponía muy malo. Agradecí muchísimo esta decisión cuando, ya por la noche y pasados los 80km, empezó a granizar con mucho viento en la cumbre del cerro más alto.

La competencia inició en la entrada de un parque natural que recorreríamos casi por completo, al que se llegaba después de 45 minutos de viaje en auto desde el centro de la ciudad. El clima se presentó tal como se había pronosticado. La mañana estaba sumamente fría y con ráfagas de viento muy fuertes. Ya encajonados en la línea de partida, estábamos junto a todas las estrellas del trail mundial, quienes empezaban con esta primera fecha su camino a disputar la serie mundial de ultra trail. Por fin se sentía el ambiente de la carrera y el frío pasó a segundo plano. La gente, mayormente asiática, mezclados con muchos europeos, era simpatiquísima y les sorprendió que un chileno estuviera corriendo tan lejos de su país. El ambiente antes y durante un ultra, y en general en carreras de trail, es algo que realmente se disfruta.

La partida se dio a las ocho de la mañana en punto. Gracias a varios videos y a haber estudiado el mapa con antelación, sabía que la primera parte de la competencia sería una especie de sprint de 800 metros por una carretera, antes de tomar un sendero muy estrecho que haría lento el andar si uno quedaba atascado. Todos partieron muy rápido. Me sumé al ritmo de los primeros grupos (3:45 x km), que se sentía apresurado para este tipo de competencia, pero había que sostenerlo para entrar bien al sendero.

Una vez allí empezó realmente la competencia. Corrimos por una especie de tobogán que iba por el filo de una cadena de cerros, los cuales se conectaban con unas playas muy bonitas. La vista del entorno no dejaba de sorprenderme. Sin darme cuenta quedé en un grupo muy bueno en el que venían grandes corredores, como Michael Wardian y Pau Bartoló.

Mi plan nunca había sido salir entre las primeras posiciones, pero me divertí mucho los 20 kilómetros iniciales, y al ser un camino no muy técnico se me hacía muy confortable. Me dejé llevar por la carrera, siempre con cuidado de no sobrepasarme en el ritmo y de mantener la alimentación e hidratación como la tenía planificada. La tónica de los primeros 30 kilómetros fue la de llevar ese ritmo muy ágil, sorteando algunos tramos donde había ráfagas de viento muy fuertes y otros donde las pendientes por escaleras eran interminables.

Pasado el kilómetro 25 empezó la verdadera carrera para mí, con un par de ascensos de aproximadamente 500 metros, por unas pendientes bien paradas. Aunque los kilómetros anteriores habían parecido planos, realmente acumulamos 1.200 metros de desnivel positivo, lo que no es menor. Me empecé a concentrar en mi ritmo y fui quedando más solo, con un grupo de dos japoneses y una chica española que llegó de tercera. Corrimos juntos 20 kilómetros, a un ritmo muy bueno y que no se sentía forzado. Una de las cosas que me quedó de esta experiencia fue  ver y aprender como corre la gente en esta clase de carreras, y al haber muchas personas de buen nivel, siempre vas de alguna manera acompañado.

Ese tramo ya incluía senderos más técnicos, con algunos segmentos de cemento que conectaban a distintos cerros. Para los que estamos acostumbrados a correr en Chile, esta carrera es muy inusual, ya que mezcla todos los tipos de terrenos imaginables: barro, tierra, playa, cemento, piedras y un largo etcétera. Ademas, muchos de los ascensos y descensos se hacen por unas escaleras eternas de tamaños irregulares, lo que le da una característica muy singular. Si diera un consejo para “volar” en esta carrera, sería hacer trabajos de subida y bajada por escaleras, una y mil veces, ya que se encuentran a lo largo de los 100km.

Así fue transcurriendo la carrera hasta el kilómetro 52, donde estaba ubicado el punto de control intermedio. Ahí me encontré con mi gente y me entregaron mi ropa de recambio. Qué alegría tener a gente querida en la mitad de una carrera así. Me siento muy afortunado por haber tenido en ese paso a un equipo de amigos y a mi mujer esperándome con todo el apoyo necesario. Ya que traía un poco mojada la ropa, decidí cambiarme algunas cosas e incorporar una chaqueta de lluvia de mejor calidad, pues podía ver que el clima en la segunda parte sería aún peor. Además venían los tramos más altos donde las condiciones se suponían más intensas. En ese punto venía con problemas para digerir los geles, así que cambié mi estrategia de comida: en realidad, lo único que me empezó a entrar fue arroz. Al rato pasaron los dolores y empecé a enfocarme nuevamente en mi paso.

Desde el kilometro 60 hasta el 73 estuve completamente solo, en lo que fue quizás  la experiencia más entretenida de la carrera: cuando ya caía la noche, muy concentrado y sin darme cuenta entré a una zona llamada “monkey town”. Se trata de un tramo de 5 kilómetros llena de monos grandes y no muy amistosos, ya que si sacas algo de tu alimento te lo tratan de arrebatar. Mi estrategia fue intentar pasar desapercibido. Pero estos monos ahí estaban, en masa, acosándote con miradas y sonidos detrás de los árboles, de lo más raro que he visto en una carrera. Así transcurrió el tiempo y fueron pasando los kilómetros, hasta que cayó la noche y empezó otra carrera.

Los últimos 25 kilómetros, que eran lo desconocido para mi cuerpo, fueron los mas mentales. No tenía mucha experiencia en correr de noche y nunca había superado esa distancia, por lo que de ahí en adelante todo fue más intenso. Desde el kilómetro 75 hasta el 95 quizás fue la parte más técnica y compleja de este ultra, con 3 subidas seguidas que terminan haciendo cumbre en el cerro más alto de Hong Kong: Tai Mo Shan. El clima en este ascenso fue totalmente inesperado. Nunca pensé que en esta ciudad y a solo 1.000 metros de altura pudiera hacer tanto frío. Las temperaturas llegaron por debajo de los 0 grados, a lo que se sumó  un viento fuerte con granizo muy denso.

Lo único que quedó fue agachar la cabeza y “meterle para arriba”. Toda la carrera me sentí muy bien subiendo, así que le empecé a poner. Me siguieron dos franceses y así nos fuimos a muy buen ritmo hasta que llegamos a la cumbre.

Sin embargo, fue en el descenso (los últimos 4 kilómetros) donde pagué las consecuencias de un pequeño error. Mi lámpara frontal empezó a fallar. No lo podía creer, no veía casi nada mientras bajaba y me empecé a preocupar. Se me adelantó el grupo y quedé solo. Sin luz, ya que por error había dejado la lámpara de repuesto en una bolsa en el km 52, tuve que bajar el ritmo a casi caminar para no caerme. Perdí en ese tramo mucho tiempo y varios puestos, hasta que un solidario amigo tailandés me prestó su segunda lámpara y así pude hacer el último kilómetro. La meta me pilló todavía muy metido en el problema, pero al llegar la felicidad fue inmensa.

Crucé la meta con 13 horas y 31 minutos, en el puesto 58. Pero más allá del resultado, lo que realmente me llevo es una experiencia enorme, llena de aprendizajes y de vivencias que perdurarán en el tiempo.

La competencia finalmente se suspendió a las 8 de la mañana del domingo, luego de 24 horas de carrera (30 horas era el límite), por culpa del clima. El ascenso y descenso del final se congeló completamente, lo que provocó varios accidentes por deslizamientos y algunos cuadros de hipotermia por culpa de las bajas temperaturas.

Aprovecho esta oportunidad para agradecer a toda la gente que estuvo en el camino de preparación apoyándome, en especial a mi equipo Teampro y a Mara, por estar presente y entregarme su apoyo y paciencia en todo el proceso. Realmente el cariño se transforma en fuerza en los momentos complejos.

Con este resultado tengo la posibilidad de entrar al sorteo de Western States 100-Mile Endurance Run. Carrera a la cual voy a intentar participa el 2017, si la suerte me acompaña. 

Alvaro Montoya Mora

 Estadísticas de la carrera:

Participantes: 1841
Bajo 16 horas: 230
Bajo 20 horas: 416
Bajo 24 horas: 126
Sobre 24 hours: 82
Competidores que alcanzaron a terminar antes de la suspensión de la carrera: 969
Abandonos: 462
DNF: 410
Países representados: 50
Voluntarios: 755

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