Trail Nocturno, piano, piano

Son las diecinueve horas y, un poco vacilante, pongo el pie en la zapatilla fría, todavía mojada de mi aventura en la nieve: hace cinco horas cruzaba la meta de una Columbia Snow Running inesperadamente destructora y ahora sin entender si recuperé algo de energías estoy aquí, en el Parque Aguas de Ramón lista para enfrentar mi primer trail nocturno. Cabe destacar que no soy muy ágil en cerro y la idea de testear mis sentidos enfrentando mi miedo a la ceguera oscura no me dejaba muy tranquila: o sea… Antes de llegar aquí estaba muerta de miedo. Miedo a no ver bien, miedo a tropezarme, miedo a caerme barranco abajo sin que nadie pueda rescatarme: una torpeza puede costar cara… Pensaba.

Lo lindo de haberlo dejado todo en la mañana es que no me queda energía ni para quejarme, por lo tanto la idea es ir ‘piano piano’: no tengo nada que perder.

El recorrido es más que claro: el sendero de 7km diseña un tiburón sobre el mapa del parque, una subida leve pero corrible en la ida, cruzar el estero por un puente colgante (caminando! Pablo fue bien claro en sus recomendaciones) y la vuelta es toda una bajada por la otra ladera de la quebrada.

Encajonamos: parecemos todos unos astronautas futuristas con chicherías luminosas de toda categoría.

Cuenta regresiva: prendo mi linterna frontal Black Diamond, el mejor auto-regalo de cumpleaños en siglos!

Largamos: el camino nos acoge con su atmósfera tibia, está devolviendo el calor que el sol le prestó durante el día. La ruta es ancha todavía y aprovecho para pasar unos cuantos competidores; antes de entrar a sendero encuentro a Rulo, que me regala un empujón físico y moral: «debes ganar loca, apúrate!» y me acompaña unos metros, con su mano en mi espalda impulsando.

El segundo aire: la subida comienza despejada, el terreno limpio sin piedras brilla como plata bajo mi luz y me permite marcar un paso constante bien firme. Manos a las rodillas y cerro arriba, este es el segundo aire que nunca llegó durante ese Snow Running! Me repito que es pan comido respeto a las trepadas infernales de la mañana y mis piernas empujan con energía hasta alcanzar los talones de Sofía, chica del Nike Run Club Universitario que conozco desde las carreras de calle… La conozco porque en asfalto es imposible tenerle el paso pero hoy podría ser mi oportunidad.

Siento que como metros de cerro a grandes y fuertes zancadas. La oscuridad no es tan profunda y fría como me imaginaba y la contaminación luminosa de la ciudad tiñe los arbustos de un naranjo opaco. Mis ojos son globos de luz atentos a las sombras en el camino. Las polillas, como copos de nieve, cruzan livianas mi camino de plata.

La pequeña cascada de Los Peumos ruge desde el fondo de la quebrada y yo, curiosa, alumbro hacia ella. ERROR: mi cuerpo se congela al ver una profunda noche oscura y nada más. El vértigo es como un balde de agua helada a la cara… «Mira al sendero pajarona!» me digo, y sigo a la persecución de la puntera.

La alcanzo, no me quiero despegar de ella… Hasta que nos equivocamos un par de veces de camino, por estar corriendo rápido sin esa pequeña dosis de atención necesaria para seguir las marcas del camino.

El juego de las partes es la motivación para tirar las piernas y el corazón casi al límite: yo trepo rápido en subida y ella me alcanza en bajada volando silenciosa como una hoja. En un par de puntos el sendero pende hacia el barranco, hay que pasar despacio… Aprieto los dientes y quizás los cachetes también y trato de no dar aliento a mis temores. Escucho la voz de Valencia anunciando a los primeros corredores de los 7k y apuro: las bajadas son juegos de balanceo y pasos rápidos hasta abrirnos en los últimos metros del ancho camino que nos lleva a la meta. Cruzamos el arco literalmente volando y con una sonrisa adrenalínica felicito a la ganadora.

Esta noche aprendí mucho: los miedos son como voces que suben desde nuestras oscuridades, tendrán aliento si dirigimos nuestra luz hacia ellos… Mientras tanto, correré dejándolos atrás mío.

Un particular agradecimiento al equipo de Skechers Performance que empezó a creer en mis capacidades, a los amigos de MedPro por estar siempre cariñosamente preocupados y a mis compañeros de Santiago Runners que entienden lo difícil que puede ser la transición calle-cerro y por supuesto a Solo Running por darme la oportunidad de vivir estas experiencias únicas. 

Paola Castelvecchio

 Galería de fotos Trail Nocturno LSE.

 Podcast del programa especial de Rock & Run de la radio Corre.fm.

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