Trail Nocturno Aguas de Ramón

*Fotos Esteban Morales S.

Aún me inquieto al intentar sentir mis ansias por correr de noche a tope en pulsaciones de corazón por un breve período de tiempo. ¿Correr de noche? Sí, otra de esas que hacen los corredores de montaña… Correr de noche.

¿Por qué sería distinto?

Pues, en un Ultra cuando comienzas a correr a las 4, uno se debe mover dosificando energías, por lo tanto correr con frecuencias cardíacas muy elevadas harán o que no termines la carrera, o que llegues gateando a la meta por falta de energía. Además, correr fuerte te  expone a tropezar con una piedra, o más grave aún, torcer y/o quebrar una extremidad. El desafío es diferente. 

Por eso, en sólo 17 K de carrera todos sabíamos que se trataba de hacerlo de una sola forma: Correr a fondo con consciencia en cada paso. Llegar a la meta enteros y sin lesiones es per se una victoria no menor.

Bueno. Helada sería la noche por lo que se pierde algo de tiempo eligiendo las capas de ropa a usar y obviamente, procurar tener las linternas frontales cargadas.

Encajonados en el sector de partida. ¡PAF! Partió la cosa.

Hostilidad a la vena: El grupo líder parte corriendo a un ritmo de guerra espartana sin misericordia y de la calentura colectiva que contagia, elijo hacer lo mismo para no tener que lidiar con tanta gente en los senderos. Sucede que los primeros 1.5 K eran por camino vehicular, cosa que se agradece para disgregar la masa de más de 160 corredores participando en la categoría máxima de la noche.

Por fin a los senderos. Los Andes Centrales no desilusionan. Secos, rápidos y con piedras que protuían del suelo por lo que mantener la cabeza siguiendo el círculo de luz de nuestras linternas sería una imposición.

La ganancia de altura era suave hasta que se llegaba a los senderos. De ahí se comenzaba a ganar cota abruptamente en un par de secciones particulares que además iban haciendo un baile suave por las faldas de las colinas que penetraban en el valle hacia el Este. No puedo contener mi curiosidad y elijo voltear y ver esa fila de luciérnagas destellantes por todas las faldas del Parque Natural Aguas de Ramón serpenteando por los senderos marcados por Latitud Sur Expedition (LSE). Y no sólo eso, sino que rellenando el fondo de toda la vista santiago resplandeciente con su luminaria, entregando una magia muy particular, algo que no se ve en casi ni una carrera en todo Chile. Ya con esa vista uno siente complacencia de estar en ese lugar a esa hora.

Me tuerzo el pie derecho de una manera que no me logro explicar, bueno, es de noche, no es gran sorpresa lo ocurrido. Bajo el ritmo porque voy ganando más y más elevación. Luego es caminar un poco por la verticalidad del terreno y para dosificar energías para lo que sería el segundo 50% de la carrera; tomar bajadas hasta literalmente la meta misma. A las pobres piernas les esperaba sufrir en impacto y tortura en la noche fresca de fines de Julio.

Llegando al Salto de agua de Apoquindo por fin. Cruce de un río y viene la mejor parte de rock & roll: Serpenteantes sendas con algunas curvas algo cerradas que las hacían más emocionantes por lo limitante de la visibilidad. Todo lo anterior con un grado menor de pendiente negativa haciendo que el swinging por los marcajes sean siempre con una velocidad ágil, consistente y pisando fuerte. Un regocijo total de varios minutos de ese que vas volando y aplanando cerros con un percibir que la frecuencia cardiaca va elevada pero tolerando de la mejor manera un compás que entras en un transe de sensaciones que sólo experimentas así; corriendo fuerte por senderos, en las montañas.

Acercándose a la meta la pendiente tiende a aumentar gentilmente, la cadencia por lo mismo crece y los pasos impactan aún más reciamente sobre la tierra. Vamos por paredes de orientación sur, la humedad es mayor, algo que se gratifica para respirar mejor y para mayor adherencia de las zapatillas al terreno.

Ahora sólo quedaba consolidar sólo tres cosas que serían mis mantras: 1.- Pillar a quien sea que esté adelante. 2.- arrancar del tío que viene a menos de un minuto atrás de mi. 3.- Y lo más importante, es que todo debe cerrar con la frase “llegar sano y salvo a la meta”.

Ahora no queda otra que no aflojar, dosificar a la perfección cada ápice de aguante y llegar con absolutamente ni una sóla gota de sobra de energía al final; llegar al borde del desplome era la consigna.

Dar, dar, dar. En algunas momentos el cuerpo y la mente estaban algo taimados de tanta hostilidad, pero ya saben, el mantra del 1 y del 2 hacían que el ritmo o se mantuviese o se rebajara, no quedaba otra, “si vamos a sufrir que sea bien hecho”, total, cada zancada era un poco más próximo del final. En la meta habría comida, descanso pero no cervezas…maldita sea, maldita sea…había olvidado las cervezas.

Bajadas finales y una curva abrupta a la izquierda para sortear unos escalones y la voz de Cristián Valencia se hacía más cerca. Presiono con todo lo que tengo porque sé que quien me sucede me viene cazando como leopardo tras su presa. Una miserable escalada para empalmar con la recta final a la meta, pero mis piernas ya no responden a rendir en pasos más largos, pero la mente repitiendo 1 y 2 obligan al cuerpo a que haga lo programado y PAF ! Meta cruzada.

Gente por todos lados. Saludo a amigos y conocidos de diferentes categorías.

A los minutos pocos, se empieza a sentir el frío, voy por ropa.

Hablando con conocidos, de la nada aparece Alejandro Navarrete, me aprieta el brazo y me pasa una cerveza y él se marcha como si nada. La vida es buena y la noche ocurre suavemente para dedicarnos con algunos a recibir al resto de los corredores que llegaban reventados a la meta.

Sobre mis mantras, el 1 nunca funcionó, el 2 sí y el 3 también.

Correr la Nocturna de Aguas de Ramón donde la distancia mayor es 17 K engloba muchos factores que la hacen muy singular. Primero que todo que es noctura, una linterna frontal de buena calidad sí hará la diferencia. La vista y la propiocepción serán armas vitales para llegar entero a la meta. Después, las distancias son cortas que hacen que sean una sesión muy intensa, la adrenalina corre por las venas de partida a meta. Divertida, amena, muy amistosa y con mucha buena vibra hacen de ésta fecha un absoluto clásico del trail running nacional. No por nada se inscribieron más de 500 participantes !

¿Recuerdan que me torcí el pie? Bueno, aún no he podido correr por eso, pero compenso con harta bicicleta. Feliz estoy sentado y sonriendo mientras estoy escribiendo. La experiencia es total. Debes vivirla! 

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