Salir a una maratón y llegar embriagado

Faltan veinte minutos para el disparo de salida y aún queda espacio para correr y calentar cómodamente en el primer cajón. No hay agolpamientos, no hay ansiedad. No somos más de cuarenta corredores los que en ese momento estiramos y esperamos la partida en total calma. Aunque es la versión inaugural de la serie de Maratones Rock and Roll en Liverpool, todo se lleva con total orden y tranquilidad. Hace una hora salieron los corredores de media maratón y no deja de impresionarme la organización: cada cajón va llegando ordenadamente a la línea de salida y luego les dan la largada; nadie quiere meterse “a la mala” en los primeros cajones, nadie empuja. Así cada uno. El clima acompaña y la temperatura está perfecta para correr, aunque el día anterior la lluvia estuvo torrencial. Me llama la atención no ver a ningún africano entre los aproximadamente siete mil participantes. Y claro, es una maratón que recién nace.

Arrancamos en Albert Dock, el waterfront más famoso de Liverpool, ahí está Pier Head, un conjunto de edificios declarados Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 2004. Nos metemos en centro, recorremos callejuelas y distingo el The Cavern Club, el bar donde tocaban The Beatles el siglo pasado antes de ser mundialmente conocidos. Kilómetro 7 y pasamos por el Goodison Park, el estadio del Everton y me pasa la liebre de 3:15, decido no alejarme más de 100 metros del grupo y ver si aguanto el ritmo. Ahora regresamos al centro y enfilamos hacia el sur de la ciudad. Se trata de una ruta con muchas subidas y bajadas pero pasamos la media maratón en 1:36:42 a un paso cómodo. El recorrido es atractivo y cerca del kilómetro 23 disfrutamos de una vista perfecta de toda la ciudad. Me emociona un poco. Solo ahí caigo que estamos corriendo la Rock and Roll en la tierra de Los Beatles, ni más ni menos. Una maratón que solo asomó en mis planes hace dos meses y ahora me tiene intentando disfrutar cada momento. A esta altura los avituallamientos ofrecen agua, isotónicos y geles y yo, como siempre, solo necesito agua. A los pacers los sigo teniendo en la mira. Ahora pasamos por China Town y la siguiente media hora es por los caminos del Sefton Park. Estoy más cerca de la liebre, no la he soltado, no pienso, solo miro el globo azul que está en el aire con la mente en blanco.

Cada tres o cuatro minutos los pacers nos dicen que estamos haciendo un trabajo excelente. Ambos deben tener unos 55 o 60 años, lucen cómodos y siempre nos instan a no aflojar el paso. Ahora queda el último parque, el Otterspool Park lleno de frondosos árboles que difícilmente dejan pasar el sol y no hago nada más que mirar el globo. Kilómetro 34 y un pacer comenta que se acabaron las colinas, justo ahí llegamos al borde costero y falta solo una línea recta, solamente en llano, para arribar a la meta. El sol recién asoma entre las gruesas nubes y quedan menos de 5 kilómetros cuando la liebre nos dice que podemos rematar. Me esfuerzo y cada milla la paso a 6 minutos. A mi reloj se le rompe la correa pero lo recojo y no pierdo el ritmo, ya veo la llegada y empiezo a golpear las palmas de la gente como siempre lo hago. Marco 3:11:29, casi un minuto 20 segundos más lento que mi mejor tiempo conseguido en Roma hace 9 semanas, sin embargo, esa vez terminé exhausto y ahora podría seguir corriendo de inmediato.

Nos entregan agua, barras de cereal, dulces, papas fritas, agua, isotónico, la camiseta conmemorativa (yo pedí dos y me las dieron), recojo mis cosas y ya es tiempo de la cerveza. La marca Cobra te da una gratis y el show está desatado afuera del estadio Echo Arena. Ya están premiando a los ganadores y comienzan a tocar las bandas. Por lo que entiendo son grupos reconocidos en Inglaterra así que hay un gran trabajo de organización. Sigue la música y la gente sigue bebiendo. Ya me tomé medio litro y voy por otra Pint. La gente disfruta, es una fiesta, todos lucen orgullosos sus medallas y bailan. No solo somos corredores sino que hay público que viene exclusivamente a mirar el show. Me cambio ropa y voy por otro medio litro. Cuatro libras cuesta el vaso (unos cuatro mil pesos) y hay un joven que también vende vodka y otros tragos que por ahora no quiero probar, también hay comida y helados a la venta para los hambrientos. La música suena fuerte y esto no se detiene; hay tan buen ambiente que me acerco a comprar más cerveza. Son las tres de la tarde y aún queda una banda por tocar. Se larga a llover, bebo lo que queda del vaso y recojo un taxi. Es hora de descansar, comer algo, dormir y pasar “la mona matutina”. Me voy muy contento, tanto por la carrera, como por mi marca y por lo bebido. Es que cuando retiré mi kit y sólo entregaron el número sin ningún regalo pensé que iba a ser una maratón “reguleque” pero me equivoqué: todo extremadamente ordenado, un recorrido variado, buenos puestos de hidratación, bastantes bandas tocando en la ruta, gente animando, el clima perfecto y el número justo de participantes. Tercera maratón del 2014, las tres en solo nueve semanas. Liverpool quedará en mi memoria dentro de las top five de las catorce maratones que he tenido corrido. La Reggae Marathon en Jamaica sigue siendo la número uno. 

Miguel Angel Martinez
Abogado y periodista
https://twitter.com/mmartinez6

 
“http://solorunning.cl/salir-a-una-maraton-y-llegar-embriagado/”

From Rock ‘N’ Roll Marathon Series – Liverpool, posted by Solo Running on 5/29/2014 (11 items)

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