Lavaredo Ultra Trail Por Manu Vilaseca

Son las 22:00 horas de un viernes y me visto para salir. Cuidadosamente me ato el pelo con una cola de caballo y una bandana en la cabeza. Me pongo protector en la cara mientras me miro en el espejo. Mientras me pongo las zapatillas reviso por última vez mi mochila para verificar que estoy llevando todo lo que necesito. Salgo del hotel, dejo la llave en la recepción y voy en dirección a la fiesta que se realiza en el centro de Cortina d’Ampezzo. Camino a la largada de The North Face Lavaredo Ultra Trail, prueba de 119km que recorre la región de las Dolomitas, en Italia.

El escenario es festivo y los ánimos también. A cada paso que doy, bajando hacia la ciudad, me encuentro con personas que como yo desfilan con sus dorsales. Para los de afuera parecemos locos. Para nosotros es una alegría. No hay otro lugar en donde me gustaría estar y acá me siento feliz y realizada. Estoy a punto de largar una carrera que está al tope de mi lista de favoritas y así encaro el presente momento. Sin ansiedad ni miedo. Estoy muy agradecida de estar ahí y preparada para dar nuevos pasos en esta belleza de escenario. Así fue como crucé el arco de largada en 2015.

Correr durante la noche es algo que adoro. Hay algo de magia en correr entre todas aquellas luces, donde nadie tiene una real identificación. Las personas dejan de ser personas y se convierten en centros de luz. Yo no veo nada ni a nadie. Entro en el viaje de aquel túnel imaginario en el que la única cosa que veo es lo que mi linterna alumbra. En ese momento lo único que existe es lo que logra iluminar mi linterna y en eso me concentro.

Largué pensando en mejorar mi tiempo del año pasado. Imaginaba que no sería muy difícil, porque en el 2014 llegué a Cortina muy cansada de tantas carreras que hice en el primer semestre. Este año, y con un poco más de experiencia, decidí no abusar de mi cuerpo y buscar un mejor rendimiento. Esto ya se hizo evidente en la primera subida, donde pude correr y disfrutar sin sufrir, y donde no podía escuchar mi respiración. Sabía que hacer bien esa subida me daría un respiro para llegar al single track sin ser atropellada y eso fue exactamente lo que pasó. Así seguí disfrutando, feliz y concentrada en lo que estaba haciendo.

Los planos de la carrera también me dejaron muy contenta, porque fui capaz de mantener un buen ritmo. No recordaba todos los detalles del año anterior, por eso muchas veces avanzaba sin saber muy bien lo que me esperaba. Pero cuando sí recordaba era una ventaja porque me preparaba física y mentalmente para el siguiente tramo. Tenía en mente que en el 2014 comenzó a amanecer cuando estaba llegando al Lago Misurina, así que este año esperaba agarrar un buen ritmo que me permitiera llegar a ese sector aún en la oscuridad. Mucha felicidad porque lo conseguí! Si bien es cierto me perdía la belleza del lago visto con luz de día, me contentaba con tener la suerte de ver el amanecer en el Refugio Auronzo, a los pies de las Tres Cimas de Lavaredo. Sin duda una de las vistas más alucinantes de todo el recorrido. Es cuando estamos rodeados de montañas hermosas e impresionantes. Es cuando nos sentimos tan pequeños e insignificantes. Es el tramo más alto de la carrera y es impresionante en sentido literal y figurado. En esta parte recordé a mi amigo João Marinho, pues estuvimos juntos en el 2014. Pensaba en él y en lo incierta que es la vida, ya que nunca podía haber pensado que un año después él ya no estaría con nosotros. Sentí la certeza de que debemos disfrutar cada momento de nuestras vidas, porque nunca sabemos lo que nos espera más adelante.

Al pasar las Tres Cimas enfrenté un largo descenso. Esta parte la recordaba bastante, y como sentía muy bien las piernas, pude bajar con velocidad. El valle era precioso, respiré profundamente, mirando a mi alrededor y disfrutando del espectáculo de la naturaleza. Al final del valle enfrenté un largo trecho que parecía plana, pero en realidad era una leve subida. Esta parte la recordaba bien porque es algo que parece fácil, pero cuando estás en el medio de la carrera no lo es tanto. Tenía un ipod en la mochila y puse música para relajarme y para motivarme a correr. No caminé en ningún momento y apenas me di cuenta cuando ya estaba en el siguiente punto de abastecimiento. Mi equipo de apoyo se mostraba muy contento y eso me motivó porque sentía que estaba haciendo una buena carrera.

Comenzamos un nuevo tramo, el cual recordaba bastante. Una subida muy empinada, con varias pequeñas cascadas, muy hermosas. El escenario era realmente maravilloso. Me sentía tan feliz que incluso me puse a cantar. Estaba sola, y esto también es algo que me agrada mucho. En la cima de esta colina pude ver las montañas que me rodeaban y agradecí cada visión maravillosa que tenía. El siguiente descenso fue muy divertido, lo corrí con facilidad y alegría. Cuando me di cuenta ya estaba en otro puesto de abastecimiento y me sentía cada vez más fuerte.

Seguí a buen ritmo, sabiendo que la parte más dura de la carrera estaba en el final. Comenzaba a encarar subidas muy empinadas, y cuando ya tienes muchos kilómetros en las piernas se hace cada vez más difícil. Por lo menos la parte visual compensaba el cansancio. En cada cima una escena más hermosa que la anterior. Me mantuve concentrada y nunca dejaba de admirar todo lo que veía. Sabía que eso era un gran regalo.

Cuando llegué al Paso Giau mi equipo de apoyo estaba en éxtasis. Desde este punto quedaban apenas 16kms y los vería ya en la meta. Sabía que todavía tendría que hacer frente a dos subidas, y la primera de ellas bastante empinada. A pesar del cansancio sabía que estaba haciendo una buena carrera y me mantenía siempre atenta. Cuando terminé la última subida ya podía divisar la ciudad de Cortina. Esto me llenó de felicidad. Bajé muy bien, pues estaba muy concentrada y llena de energía. Recordaba que al final de la carrera habían bajas técnicas y peligrosas, pero para mi sorpresa me enfrenté a esta parte mucho más rápidamente que lo que pensaba. Estaba muy concentrada y atenta al presente y eso me ayudó en las bajadas. Si en algún momento mi mente comenzó a viajar, rápidamente la traía de vuelta. Y así llegué al tramo final, que me traería de vuelta a la ciudad. Cuando viré en la calle principal vi el enorme pasillo de gente y el arco de llegada. Corrí sonriendo y agradecida del pasillo humano que me felicitaba. Una sensación indescriptible.

Al cruzar la meta y parar mi cronómetro, el locutor me preguntó:
– ¿Sabes en qué lugar llegaste?
– No tengo la menor idea – respondí.
– ¡Llegaste en quinto lugar! ¿Estás feliz?

Una sonrisa gigante se dibujó en mi rostro mientras mi equipo de apoyo y todos de The North Face me rodeaban y abrazaban. Estaba tan cansada como feliz. Estaba muy agradecida, bajé mi tiempo de 18:46 a 15:55, quebrando mi récord personal y entrando al podio por segunda vez en el 2015, en un aprueba del circuito UTWT. Gracias, gracias, gracias! 🙂

 Crónica gentileza de Manuela Vilaseca. Traducción del portugués de Mauricio Quintanilla.

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