La maratón más dura de mi vida

El ver el día de la acreditación de la Great Wall Marathon (después de recorrer parte de la gran muralla) como muchos corredores de 42k se bajaban a 21k hacía presagiar que se venía dura esta maratón. La temperatura reinante este 21 de mayo fue realmente alta, bordeando los 38 grados con una sensación térmica de 5 grados más (según el cuerpo médico de la prueba), hacía que los 24 puestos de hidratación realmente se ocuparan. 20.000 botellas de agua para las 3 distancias y 70 personas en ruta distribuidas para ayudarte en caso de algún percance te daban la seguridad que necesitabas, pero quedaba solo en ti la fuerza para poder terminar la prueba.

Parte del duro recorrido.

A las 5 am puntual nuestro auto provisto por la organización nos pasaba a buscar a nuestro hotel para recorrer los 28 kms. hasta el lugar de la partida, en un pueblo pequeño, reconocido por ser el punto de partida para muchas excursiones a la gran muralla china, que en ese lugar toma sus máximas alturas. Ya en el camino nos encontramos con buses con más corredores que venían desde Beijing (los pasaron a retirar a las 3 am), todos preparándose para la largada prevista a las 7:30 en su primer grupo, hasta las 08:00 en su cuarto grupo y final.

Nos recibió un frío de montaña, que obligaba a abrigarse y refugiarse de la suave brisa matinal, pero con los primeros rayos de sol eso ya pasó a ser historia, la temperatura subía y subía, y a la hora de la largada ya teníamos gratos 20 grados.

Pude ver desde corredores muy concentrados hasta gente bailando y sonriendo nerviosa esperando la partida, la ruta por todos ya aprendida recorría inicialmente cerca de 4 kms. en subida de un cerro por el asfalto, muy similar a nuestro San Cristóbal, llegando en el km 4 a su punto más alto y al inicio de la primera parte de la muralla, que durante 3 kms más, nos sorteó solo peldaños en subida y bajada, mucho atochamiento de corredores, zonas de paso de no más de 2 personas se transformaban en verdaderos cuello de botellas, que te enfriaban y demoraban, sobre todo los que veníamos más tranquilos sacando fotos, conversando, parando a regalar cosas, etc.

Luego de salir de los primeros 7 kms. de muralla había que apurar el paso para recuperar tiempo, fue 1 hora y media en tan solo ese tramo, comenzamos a recorrer pueblos, calles estrechas, de tierra, de campo, de asfalto; donde nuevamente era imposible ausentarse de la fiesta que vivían los niños y los adultos de cada poblado que pasabas, donde cariñosamente te saludaban, te animaban, los niños pedían algún regalo e incluso te pedían hasta autógrafos! Disfrutando la fiesta me detenía continuamente a regalar chapitas, gorros, muñequeras y nuestras banderitas chilenas! Que luego supe en voz de otra chilena radicada en Buenos Aires que corrió la distancia mayor, (venía unos 10 minutos detrás mío) lo descolocada que se puso al ver en la ruta niños con banderas de Chile y gorros de Chile! No entendía como llegaron hasta allá!!!

Niños chinos felices animando con sus banderas chilenas.

Niños chinos felices con sus banderas chilenas.

Tanta parada y foto me empezó a pasar la cuenta y ya en el km. 20 vine a reaccionar sobre el tiempo que llevaba y lo que me faltaba para poder pasar el corte en el km. 34. Estaba muy ajustado y no había ido al fin del mundo para quedarme en el corte de las 6 horas. A esta altura ya había subido una montaña y venía la bajada, que tomé con todo y una brisa fresca y más de 5 geles en el cuerpo, me ayudaron a volver a quedarme en zona de paso del corte, que mantuve hasta el final. Las piernas funcionaban perfecto, la cabeza mejor, las caras de muchos corredores esforzándose por llegar te animaban más y más, cuando ya me encontraba en el km. 34 en 5 horas 20 min. Con 40 minutos de sobra al corte, que pensaba los podía haber aprovechado disfrutando con más gente pero ya estaba ahí, a punto de subir en forma contraria a la partida el tramo final de los 7 km de muralla. Me vino una sensación extraña, el pecho se apretaba de alegría, ansiedad y euforia, sobre todo pues pasas al costado de la meta rumbo a tu tramo final, y ves como en el carril del lado ya completaban la prueba muchos corredores y a uno le quedaba aún más de 1 hora. Se vino un llanto repentino, que no pude evitar, de tanto tiempo que tenía esta carrera en la cabeza, y peldaño a peldaño caían lágrimas de alegría y cansancio, alentado siempre por corredores y personas que pasaban cerca de los destruidos que aún peleábamos por completar la ruta, aún quedaban por lo menos doscientas personas detrás mío, sin contar los que a esa hora ya quedaban en el corte de tiempo que fueron cerca de 500. Luego de la última subida a la parte más alta de la gran muralla comienzo a despedirme de ella hasta una nueva oportunidad, bajando con todas las fuerzas que me quedaban hasta la meta, sintiendo en tus pies y brazos el calor del asfalto, nunca dejando de mojarte e hidratarte, ya que sin esas medidas básicas la carrera estaba perdida, como lo fue para un corredor norteamericano que 50 mts. delante de mí se desvaneció frente a un puesto de enfermería, deshidratado e insolado.

Llegar a la meta, que te cuelguen tu medalla y ver como cada corredor te felicita y palmotea la espalda, y tú aplaudir y vitorear a los otros que venían detrás de ti hacía de este fin de carrera caer con una emoción intensa, abrazarte con tu partner de viaje que ya había llegado 2 horas antes a la meta con claros signos de insolación fue único. Ya muchos buses con corredores se habían ido a Beijing, pero la meta seguía abierta, y hasta que no llegó el último corredor cerca de las 8 horas 30 minutos recién se comenzó al desarme del campamento.

Los niños chinos y su alegría.

Los niños chinos y su alegría.

Nunca había disfrutado y sufrido tanto una maratón de las 10 que llevo en el cuerpo, hice todo lo que quise hacer siempre: conversar, reír, llorar, disfrutar cada instante único, detenerme a admirar el paisaje, a disfrutar una Coca Cola, a regalar cosas y ver la risa de cada niño y adulto, admirar la inmensidad de una construcción hecha por el hombre hace tantos miles de años, pensar, retraerse por momentos, renunciar a la carrera y volver a tomarla kms. Más allá… Un sinfín de emociones reunidas en 7 horas 40 minutos, colmadas de sentimientos a tantos kms. de casa.

Gracias a todos los que hicieron posible esta aventura, mi familia, mis amigos, a Solo Running por la oportunidad y principalmente a Dios por hacerme lograr cumplir mi sueño. Ahora al regreso a la realidad a los cambios en los husos horarios y a contarle a quien pueda de esta aventura, compartirla y hacer llegar el mensaje que los sueños, si uno quiere y se lo propone, se pueden cumplir.

Ya de vuelta al pasado (salí de Beijing a las 12:30 del lunes y después de 12 horas de viaje llego a San Francisco en Estados Unidos a las 09:00 am del mismo lunes) y tomar la conexión a Houston y lunes por la noche viajar a Santiago, llegando martes am a nuestro querido Chile; abrazo como nunca a un amigo corredor que coincidentemente venía de Europa luego de visitar a su familia y que nos topamos en la fila de policía internacional, llevándose él el primer abrazo de cariño que aunque no se dio cuenta, necesitaba compartir con alguien, luego mi señora y mi querido Vicente que no paraba de preguntarme por todo.

¿Próximo sueño deportivo? Obviamente ya está en carpeta, hay que tener siempre algo por que luchar, pero eso lo dejamos para el próximo asado con amigos y familia que se vendrá en cuanto llegue Ignacio, que luego de correr en China se quedó por Asia recorriendo sus maravillas. 

Carlos Perez Zamorano
Twitter: @CarlosPerezZamo

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