Desafío Cabo Froward 2016

Con solo dos meses de antelación se abrieron las inscripciones para la primera edición del Desafío Cabo Froward organizado por Olimpo Producciones. Sin lugar a dudas esto, sumado a razones de otra índole, como un calendario cada vez más copado de competencias, la lejanía del lugar, hizo que solo ocho personas (de un máximo de 60) aceptaran el desafío. Por diversos motivos dos de ellos se bajaron antes del día de la competencia lo que se tradujo en que fuimos seis competidores los que largamos el viernes 25 de marzo en dirección a la cruz del Cabo Froward.

La carrera

La largada de la carrera es desde el hito geográfico de Chile, verdadero centro del país si se considera el territorio de la Antártica chilena.

La carrera transita por todo tipo de terreno, cuál de ellos más come-piernas que el otro. Solo el inicio, alrededor de 15K fue por un camino vehicular de ripio bastante plano y corrible, ideal para calentar, entrar en ritmo y prepararse para lo que venía. Después de esto empezaría la real aventura. Luego de esto empezamos por el borde de playa, la que en algunos sectores tenía arena apretada, en otras arena más suelta, arena hecha de piedrecillas pequeñas, luego sectores con roca plana. Y progresivamente el terreno se va haciendo más y más rocoso. Casi sin darnos cuenta ahora el borde de playa tiene tremendos bloques de rocas planas con cortes transversales que asemejan un filo, y estando al borde de la playa, bastante húmedas, lo que hacía que el tránsito no fuese tan rápido como uno quisiera por lo resbaladizo del terreno.

La carrera en su mayoría transita por el borde del Estrecho de Magallanes, aunque en algunos casos en que el tránsito por la playa es imposible hay que entrar al bosque. Acá encontramos senderos muy angostos, llenos de vegetación, mucha humedad y por lo mismo un terreno muy blando, barroso y, por lo mismo, bastante resbaladizo. Punto aparte los sectores del bosque donde todo es turba. Acá el tránsito se hace muy lento porque te vas enterrando en este terreno barroso, en algunos casos hasta la rodilla. Realmente sacador de ritmo.

Los cruces de ríos

Ya en la charla técnica se nos había dicho que uno de los puntos duros serían los tres cruces de ríos, ya que debido a las fluctuaciones de la marea podríamos cruzarlos con profundidades entre los 30 cms y los 120 cms. Se nos dijo que solo el segundo de ellos debería estar alto y sería algo difícil cruzarlo. En el primero de ellos efectivamente el agua nos llegó a las canillas, nada muy terrible, aunque siempre se siente el golpe del agua fría de los ríos que llegan al Estrecho. Ya en el segundo río se dio lo esperado. La marea estaba muy alta, así que a buscar el lugar más angosto y a mojarnos se ha dicho. Alrededor de 20 metros con el agua al pecho y con un agua gélida hacen que al salir uno vuelva a correr bastante fuerte para intentar recuperar un poco del calor perdido.

En el tercero de ellos la situación fue la misma que en el segundo, aunque en esta ocasión el frío del agua se hizo sentir bastante más que en el segundo. Quizás el cansancio ya se hacía notar.

La marea

Y finalmente llegamos a la parte más dura y complicada de la carrera, en donde la marea terminó siendo la gran protagonista. Como si los terrenos antes descritos no hubiesen sido lo suficientemente duros, ahora le agregábamos esta nueva dificultad: la marea más alta de los últimos dos años. Esto significó que la playa se hizo muy angosta y en algunas partes lisa y llanamente inexistente. Sin tener la oportunidad de entrar al bosque, solo quedaban dos opciones: o ir por acantilados rocosos muy puntiagudos o simplemente ir por el agua. En algunas ocasiones el acantilado no presentaba «mayores problemas» y podías moverte por ahí. Obviamente con muchísimo cuidado y extremando todos los recursos, ya que la roca era muy puntiaguda y mojada, lo que hacía el tránsito realmente muy lento.

En otras ocasiones el acantilado era realmente peligroso y estaba muy alto, lo que significaba casi tener que escalar. En estos casos la única opción era tomar el camino del agua. Meterse a las gélidas aguas del Estrecho, lo que en algunas partes significaba ir con el agua a las canillas, a las rodillas y en otras sencillamente al cuello. El problema no era solamente meterse al agua, sino que debías caminar por la zona que normalmente era playa, lo que significa que también estaba lleno de rocas, entonces debías ir pisando con mucho cuidado porque el suelo que pisabas no podía ser más irregular. En este sector es inevitable no pensar que el Cabo Froward realmente te lo está haciendo difícil y que no quiere que llegues a destino.

Además en no pocas partes del recorrido había muchos árboles caídos, hablamos de árboles de gran diámetro, lo que implicaba que debías saltarlos, lo que se hacía difícil con las piernas tan cansadas y lo resbaladizo de los árboles o pasarlos por abajo, lo que significaba pasar cuerpo a tierra. En otras ocasiones para esquivar estos obstáculos naturales debías meterte al agua.

En este último tramo de unos 10k aproximadamente la velocidad fue realmente lenta, no había forma de ir más rápido. No solo debías pasar muy lento por estos obstáculos, sino que antes debía pensar en cuál camino tomar para minimizar los riesgos. Y todo esto con el cuerpo empapado.

Base del Cabo Froward

Una vez superados esos durísimos 10K de obstáculos naturales se llegaba a la base del Cabo Froward, lugar en donde estaba la meta. Pero antes de pasarla debías subir al punto más alto, donde está ubicada la cruz, volver y finalmente cruzar la anhelada meta.

Antes de subir y considerando que el cuerpo estaba muy frío aproveché de comer bastante chocolates, frutos secos e hidratarme. Mientras comía alguien me preguntó si iba a subir a la cruz, «¡Por supuesto! No llegué hasta acá para detenerme», fue mi respuesta.

Y se inicia la subida que nos lleva al lugar que da el nombre a esta aventura. Se sube de 0 a 850 mts sobre el nivel del mar en solo 2.8K y en un terreno que mezcla tierra firme con algo de turba. En algunos segmentos de la subida hay unas escaleras metálicas para facilitar el ascenso, muy empinadas y con escalones donde apenas entra el pie. La precaución se hace necesaria.

Ya arriba el espectáculo hace que todo el sufrimiento y esfuerzo anterior valga la pena. Estás en el fin del continente. Con vista a las islas del sur y pudiendo ver en 180° a la inmensidad del mar. En la espalda cerros llenos de verdes bosques. Bellísimo.

Fotos de rigor con la cruz de fondo y a bajar se ha dicho. Se hace bastante rápido, después de lo lento del tránsito en la zona de los acantilados es un placer poder desplazarse más rápido. Y finalmente la meta. Felicidad. Desafío cumplido con mucha dificultad.

El cuerpo está tan mojado y como hace frío me suben inmediatamente a un bote que nos lleva a la embarcación que nos devolvería a Punta Arenas. Dentro de la nave está la ropa seca que la organización llevó desde la largada.

Consideraciones finales

Hablar del Desafío Cabo Froward es hablar de más de una carrera, es una experiencia, una travesía, una real aventura que llevará al límite tus capacidades y te hará cuestionarte quién te mandó a meterte en ese lugar, pero que finalmente agradecerás haber vivido.

La seguridad fue un tema no menor en una carrera tan dura y en un lugar tan inhóspito. El casco era de uso obligatorio, y en un ambiente tan rocoso nadie cuestionaría su uso. En los partes más duras del recorrido y mientras evaluaba el camino a seguir en los acantilados daba mucha seguridad ver los botes zodiacs de la organización dando vueltas por el Estrecho.

La vuelta a Punta Arenas se hizo en una embarcación en la que pudimos cambiarnos de ropa, tomar algo caliente y ver el duro camino que se había hecho de ida, pero ahora secos y en la seguridad del barco. Buen ambiente de camaradería y de conversación obligada de lo rudo del recorrido, de la experiencia de cada corredor, todo risas.

La inscripción a la carrera incluyó una cena de camaradería el día previo, durante la cual se hizo además la charla técnica. El regreso en barco a Punta Arenas. El desayuno del día siguiente a la carrera en el que se hizo la premiación. El kit de competencia incluyó el número de corredor, una polera de competencia, un buff y un cortaviento. Post carrera una medalla y polera finalista.

Es de esperar que el 2017 sean más los aventureros que acepten este desafío, ya que es un carrera con un potencial gigante, que te permite conocer un lugar muy remoto y poco conocido, incluso para los puntarenenses y de una belleza que inspira.

¡Muchas gracias!

Solo queda agradecer a Rodrigo Salas y Marcela Sarmiento de Olimpo Producciones por la invitación y buena onda durante la estadía en Punta Arenas; a Enrique Garín por estar presente apoyando durante toda la carrera y a su bella familia, Silvana y Sofía; al Hotel Rey Don Felipe por la hospitalidad y a todos los espectaculares compañeros con los que tocó compartir, Gregorio Fernandez, Joanna Finch, Fernando Ossa y Servando Palomeque.

¡Nos vemos el 2017! 

 Galería de fotos Desafío Cabo Froward | Entrega de kits.

 Galería de fotos Desafío Cabo Froward desde adentro.

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 Galería de fotos Desafío Cabo Froward | Premiación.

 Galería de fotos Desafio Cabo Froward 2016 – I.

 Galería de fotos Desafío Cabo Froward 2016 – II.

 Galería de fotos Desafío Cabo Froward 2016 – III.

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