Cuando la muerte nos alcanza

«A los viejos les espera la muerte a la puerta de la casa;
a los jóvenes les espera al acecho».

San Bernardo.

Todos sabemos que correr en cerro implica cierto grado de peligro siempre latente. Sabemos, por ejemplo, que si vamos a entrenar y nos torcemos el pie tendremos que hacer el camino de vuelta cojeando. Lo mismo si sufrimos una caida o algún tipo de herida. En base a esto es que escuchamos consejos tales como «nunca vayas al cerro solo», «si puedes lleva un botiquín», «avisa a tus cercanos del lugar donde irás a entrenar». Lo cierto es que pese a todos los cuidados y precauciones que tomemos siempre habrá un grado de situaciones que no están bajo nuestro control. Más aún si es en una carrera.

El sábado recién pasado, mientras corría los 50K del Ultra Trail Torres del Paine (UTTP), Jonatan Alexis Canto, de apenas 24 años, perdió la vida producto de un paro cardiorespiratorio. Eso es lo que dice la noticia oficial.

Así es cómo nos tocó vivirlo

Mañana tranquila en el Hotel Las Torres previo a la largada del UTTP versión 2015. Ambiente de fiesta en la largada, cuenta regresiva y largamos. El recorrido de este año nos llevaría por senderos del mítico recorrido de la «W» por el Parque Nacional Torres del Paine. Dentro de la carrera hubo tres puntos en que debíamos subir, llegar hasta un puesto de control y dar la vuelta por el mismo camino de ida. Esto permitió algo que se da en pocas carreras, esto es ver en acción, aunque sea por breves segundos, a los punteros y observar el ritmo que le ponen a una carrera así de dura. Además de darte la oportunidad de chocar tantos palmas como fuera posible. Ambiente de compañerismo en su máxima expresión.

La primera de estas subidas nos llevó cerca de las bases de Las Torres, chequeo en el puesto de control y a pegar la vuelta se ha dicho. Bajada muy buena que se disfruta al inicio de la carrera. Una vez terminada esta bajada llegamos a un largo «plano» con muchos tipos de terrenos distintos, cruces de agua, rocas, terreno blando. Luego de un buen rato llegamos al Campamento Italiano, desde donde iniciamos la subida hacia el Mirador Francés. El terreno cambia abruptamente, mucha roca, pero roca grande, muy grande, terreno muy complicado pero al ser de subida se hace a ritmo más lento. Pienso en lo duro que será bajar por ahí y en la poca velocidad que podremos meterle a ese sector. Nuevamente un ir y venir de aliento entre los corredores y el espectáculo a nuestra izquierda formado por gigantescas paredes de granito. Después de un buen rato llego al punto más alto, situado en el Mirador Francés, observo la belleza del entorno y me empapo de ella… Dos personas de la organización me controlan en este punto y me preguntan si en la subida vi a alguien lesionado. Les respondo negativamente y me dicen que al parecer un corredor sufrió un ataque, esto mientras seguían en conversaciones a través de sus radios.

Vista del lugar en que fue encontrado el cuerpo de Jonatan.

Vista del lugar en que fue encontrado el cuerpo de Jonatan.

Empiezo a bajar y tal y como se hacía notar ya en la subida, la bajada es muy técnica y no deja espacio para meterle mucha velocidad. Siguen los saludos entre corredores y de repente veo un grupo de varios corredores a lo lejos y un poco alejados del camino. Bajo un poco más para acercarme y escucho una voz que me grita «¡Quinta!», respondo con un «¡Voy!», hago un pequeño serpenteo en el camino y veo a un grupo de unas cinco personas ayudando a un corredor tirado entre las rocas con su manta de supervivencia abrigándolo. Saludo a mi amigo Jonathan Cid y me dice que hay un corredor con problemas. Al verlo lo primero que pienso es que estaba herido, con alguna torcedura o algo simple, así que le digo a Cid que podemos servir de ayuda para bajarlo hasta el Campamento Italiano para que sigan con los primeros auxilios. Me dice que parece que ya está muerto… Mientras tanto una mujer a la cabeza del muchacho le gritaba frases de aliento como «¡Vamos Jonatan! ¡No te vayas! ¡Vos sos fuerte!» y un hombre le hacía los ejercicios de reanimación, los que consistían en presión en el pecho y respiración boca a boca.

Me acerco al cuerpo de Jonatan y pongo en práctica técnicas orientales de sanación en la planta de sus pies. No siento nada de energía, ningún flujo… Me quedo un rato en esa posición esperando algún milagro, nada. Las maniobras de resucitación continúan, lo mismo con los gritos de fuerza para Jonatan. Sigo en lo mío… Nada… Impotencia…

El grupo de corredores se empieza a agrandar, algunos ya sea subiendo o bajando ven el grupo de gente reunida y se detienen a preguntar. Algunos continúan la marcha, otros se quedan tratando de hacer algo, aunque la mayoría de los presentes no estamos haciendo nada tangible con excepción de los que efectúan las maniobras de resucitación. Llega gente de la organización y dicen que se está haciendo lo correcto, que hay que continuar. Algunos corredores van al Campamento Italiano a buscar ayuda. Vuelven con una camilla, pero se especifica que no hay que mover el cuerpo, que lo único que se puede hacer es seguir con las maniobras y esperar que llegue gente de los organismos competentes.

Uno de los chicos que estaba haciendo las maniobras deja entrever muy diplomáticamente que es posible que Jonatan ya esté muerto. Calcula el tiempo que llevan haciendo los ejercicios, dice que en cinco minutos en que no llegue oxígeno al cerebro ya hay daño. Pese a esto la presión en el pecho sigue, lo mismo que la respiración boca en boca. Hay que seguir de cualquier forma.

Hago una pequeña oración que me enseñaron tiempo atrás para ayudar a los recién fallecidos y siento que no hay nada más que pueda hacer…

Con Cid nos miramos y decidimos empezar a bajar, ya estábamos tiritando del frío. El Campamento Italiano está realmente cerca, unos 500 metros. Aunque en este camino con mucho desnivel y lleno de rocas. Una vez ahí conversamos con el chico encargado de la Cerveza Baguales de Puerto Natales, con Francisco Jara y otros corredores acerca de lo ocurrido. La gente del puesto de abastecimiento nos dice que ya se están moviendo y que deberían llegar luego.

Una chica decide seguir en carrera. Nosotros no estamos muy bien de ánimo para continuar. Les digo que para mí correr es una fiesta y que con un compañero caido no tengo ganas de correr, que podemos volver caminando hasta el Campamento Paine Grande (lugar de la meta) sin hacer la tercera y última subida. Definitivamente la carrera para nosotros ya se acabó.

Emprendemos la vuelta con Cid y Francisco caminando. Pensando, meditando y conversando acerca de lo que acabamos de presenciar. El tiempo en este momento se me hace difícil de cuantificar, no sé cuánto tiempo estuvimos al lado de Jonatan, quizás una hora, quizás media hora. Tampoco sé cuánto tiempo nos tomó caminar a la meta, pero en ese tiempo conversamos mucho con Cid acerca de la vida, de la muerte, de la responsabilidad que como corredores debemos tener, del auto-cuidado, de los certificados médicos que se piden en muchas carreras, de los métodos para trampear estos certificados, de lo caro que pueden ser los chequeos médicos, exámenes de sangre, orina, tests de esfuerzo. De si es importante o no usar en carreras que lo ameriten casco, en lo útil que puede resultar tener conocimientos básicos de primeros auxilios, de cuánta gente empieza a hacer carreras de largo aliento saltándose etapas, en que jugadores de fútbol que tienen salud de hierro y controles médicos de parte de sus clubes igual han muerto en el campo de juego y en cómo reaccionar cuando uno de los nuestros muere en competencia.

Número de Fernando Nazario usado en Km. Vertical.

Número de Fernando Nazario usado en Km. Vertical.

Durante el tiempo que estuvimos al lado de Jonatan hubo gente que ni siquiera se dio cuenta de que había un cuerpo tirado al lado del camino. Esto principalmente porque Jonatan al parecer erró un poco el camino y estaba a unos metros alejados de la vía que la mayoría estaba tomando. Otro porcentaje se detuvo preguntó lo que pasaba, y sabiendo que no había mucho que hacer, siguieron la marcha. Otros se detuvieron y se quedaron un largo rato. Para algunos la carrera había que terminarla como fuera, para otros no. Mientras caminábamos dábamos paso a algunos corredores que seguían en competencia y nos adelantaban corriendo. Nosotros seguíamos caminando cada uno en nuestro luto personal.

Nos encontramos con Stjepan Pavicic, director de la carrera, estaba ya muy enterado de todo. Nos pregunta si haremos la última subida le decimos que no y seguimos nuestra marcha.

Después de un rato a lo lejos divisamos la meta. Hay un puesto de abastecimiento y a la derecha empieza la tercera subida que lleva al Mirador Grey. Seguimos nuestro camino, llegamos a la meta, obviamente no lo cruzamos, entregamos nuestros chips y se acercan nuestros amigos a preguntarnos qué pasó. Les contamos, nos dicen que sabían lo que había pasado, abrazos de por medio y ánimos, todos más que bienvenidos.

Cambio de ropa, comer algo y tratar de seguir asimilando lo que pasó… Nos avisan que empezará la ceremonia de premiación. Stjepan Pavicic explica lo sucedido. Al ver las caras de los presentes queda claro que muchos aún no lo sabían. Se hace un minuto de silencio y siento que mis ojos quieren llorar, del mismo modo que lloran ahora mientras escribo esto. Ha muerto uno de los nuestros. Alguien que se preparó, alguien que entrenó para estar ahí, alguien que en su foto de portada de facebook tenía una foto del UTTP, alguien que por esas cosas del destino le tocó morir en uno de los lugares más lindos del mundo. En los medios mucho se ha hablado de las causas que podrían haber influido en su muerte. Nada de eso importa, no ahora. Moriste haciendo lo que te apasionaba y eso merece todo mi respeto. En nuestras manos está reflexionar y sacar la mejor conclusión de todo esto.

Luego del minuto de silencio se dice que se hará la ceremonia de premiación, pero que no se pondrá música ni ruido excesivo. Algunos corredores reciben su medalla y se retiran, otros suben al podio. Uno de los que no subió al podio fue Fernando Nazario, corredor brasilero que terminó la carrera en 5° lugar en la general y 3° en su categoría, fue muy notorio que le afectó la noticia. Si bien es cierto él llegó a la meta mucho antes que se supiera la noticia, se mostró muy dolido por la muerte de Jonatan y fue uno de los corredores que recibió su medalla y se retiró en silencio.

El show debe continuar

Al día siguiente serían los 25K & Km. Vertical. Cid estaba inscrito, pero me dice que no está seguro de si lo hará o no. Por mi parte como medio me tocaba estar cubriendo y tomando fotos en la ruta.

Finalmente Cid no fue, me imagino aún afectado y agotado emocionalmente por lo vivido. Por mi parte como una hora antes de la largada partimos con Matias Bull de TrailChile hacia el recorrido de la carrera del domingo. Conversamos bastante de lo sucedido, lo que sirvió para soltar un poco los sentimientos del día anterior. Llegamos a escasos metros de la meta del Km. Vertical y empiezan a llegar los primeros corredores. Empiezo a tomar fotos y a bajar a medida que avanzan los corredores. Dentro de los primeros venía Fernando Nazario que apunta al cielo y dice «¡esto es para Jonatan!», pulgar arriba y sigo tomando fotos. Gritos de aliento a los corredores y llego a una pareja de amigas que venían cerrando el grupo. Una de ellas me comenta que pensó bastante en si correr ese día o no. Que la noticia la dejó impactada y que de una u otra forma temía por su seguridad, no por la dificultad de la carrera sino porque la noticia le hizo dudar un poco de sus capacidades. Ánimo para ella, foto con su amiga y pienso si seguir subiendo a la meta o no. Prefiero seguir bajando y disfrutar el paisaje y estar solo. Bajé muy tranquilo meditando acerca de todo lo experimentado. Ya más feliz y con las ideas más en orden. Fue justo lo que necesitaba.

Momentos previos a su muerte. Feliz.

Momentos previos a su muerte. Feliz.

La meditación más grande me llevaba a agradecer, a la vida, a mis seres queridos, a todo. Estaba (al igual que Jonatan) en uno de los lugares más bellos haciendo lo que más me gusta, correr. Respirando fuertemente la belleza del entorno y dando gracias por estar vivo. La muerte puede acecharnos, pero no nos paraliza, al contrario, nos dará más fuerzas a vivir cada día como si fuera el último porque, en palabras de Tomás de Kempis, «Condúcete siempre como si mañana hubieras de morir, y algún día tendrás razón»

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2 Comments

  1. Muy buen análisis, testimonio. Me sentí conmovido e identificado con los sentimientos que surgen tras una situacion así.
    Animo a quienes tuvieron la suerte de conocerlo.
    «La muerte puede acecharnos, pero no nos paraliza, al contrario, nos dará más fuerzas a vivir cada día como si fuera el último…»

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  2. Excelentes palabras Quinta, era necesario leer un reporte de alguien que lo haya vivido (tan) en primera persona y desde adentro.
    Un abrazo, y nos vemos en la semana.

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