Cochrane Patagonia Trail 2017

Cada vez que se pisa la Patagonia, no importando lo que haremos, el factor más gravitante será el fenómeno atmosférico. En Cochrane Patagonia Trail, organizado por Latitud Sur Expedition (LSE) la tónica de todas las conversaciones sería de la misma manera hasta el día de la carrera.

La ciudad de Cochrane está empotrada entre montañas, rodeada de valles de una calidad para la ganadería digno de envidias de todos los habitantes de la región de Aysén, Acá en Cochrane fue donde el visionario Lucas Bridges, primer hombre blanco nacido en Tierra del Fuego, amigo de indígenas canoeros y de los míticos Selk´nam, él mismo vino a explorar estas tierras para quedarse con la estancia rey de estancias de la Región de Aysén; La Ea. Chacabuco, próspero imperio de la ganadería ovina por decenios, hoy en manos de la polémica familia Tompkins, que ya ha donado miles de hectáreas en la Patagonia Chileno-Argentina ganándose por mérito la admiración de toda la sociedad con un profundo agradecimiento a cuidar lo que nosotros mismos no pudimos, ahí, en lo que será en un corto plazo un nuevo parque nacional para nuestro país, por ahí pasaría Cochrane Trail por uno de sus senderos más bellos, empalmando después con la Reserva Nacional Tamango para finalmente, correr 4 K de ripio llegando a la gloria, a la plaza de Armas de la ciudad de Cochrane (Nombre de otro gran héroe de la nación por pocos conocido).

Con distancias amables de 14K, 35K y 70K todos estábamos algo nerviosos pues las cotas que sobrepasaban los 800 msnm estaban todas cubiertas por el manto blanco de las precipitaciones congeladas.

En el gimnasio local, a la hora de las 20 horas ocurre la charla técnica, con todos los corredores repletando el edificio. Nos confirman que los 70 se bajarán a 50K evitando así la zona de más alturas donde la acumulación de nieve llegaba por sobre la rodilla. Ni un solo corredor cuestionó la decisión del director de carrera. Pasaba que el meteo no se veía de lo mejor; nublado con algo de chubascos y posibles vientos…. Ya saben, la cosa se veía esa que con un clima aceptable, pero con una tendencia a malo, exponerse tantas horas a los elementos da algo de miedo. Patagonia es salvaje.

La partida sería en el parque descrito, Largamos a las 8.30 AM y de inmediato nos vamos a los senderos sin dificultad técnica, limpios pero con algo particular nunca antes visto en una carrera y es que, estaban poco pisados, signo de ello eran los pastos creciendo por donde nuestros pasos debían apoyarse.

A el parque hoy totalmente protegido (antes estancia) le tomará muchos años reponerse. Aún las laderas de los cerros siguen desnudos por los incendios provocados para que el ganado pudiera sobrevivir en la Patagonia nortina hace 100 años.

Sin embargo su belleza está palpitando fuerte, la lluvia incansable y el viento eterno aún rebosan de energía vital para entregar belleza en 360º grados. La roca conglomerada es preciosa, los ríos con un caudal aterrador (acá es la meca de Hidroaysén), los vacunos más felices del mundo, los cóndores más tranquilos de chile, la carretera austral está aún desolada y los meses de “alta” son sólo Enero y Febrero.

Bosques salvados por el destino, grandes troncos de lengas nos protegerían del elemento más perverso de todos; el viento, ese que baja la sensación térmica a medida que sopla más rápido, en la zona de montaña que le llamaron el portezuelo entre el Tamanguito y el cerro Tamango sería la zona más expuesta con unas pasadas rápidas de nieve con costra dura que nos dejaría no enfriarnos en demasía mientras moviésemos las piernas.

Justo en lo más alto me encuentro con Max Keitt que me anticipa que la ganancia de altura máxima ya está en el bolsillo y que ahora viene sólo bajada.

La nieve estaba en una consistencia perfecta, apenas se rompía al pisar fuerte por lo que el descenso era rapidísimo amortiguando las rodillas para no hacerlas sufrir.

Una entrada sin previo aviso al bosque y el juego cambió a lo que la Patagonia está casi como emblema obligada a entregar: El factor sorpresa: La nieve cambia de consistencia con apenas 200 metros de pérdida de nivel, la costra dura ahora se vuelve semi-dura y con mi peso me veo hundido en la nieve en muchas ocasiones. Alcanzo a Luis “patagón” y me dice que fluya con la nieve, que la patagonia es así, a eso le respondo “Yo soy de Punta Arenas y cuando la nieve es una mierda, es una mierda y ésta es la peor de todas”.

Imposible de correr en tales circunstancias, el peregrinaje se hace languidecente y tedioso, hasta que empezamos a salir de la zona de nieve para llegar de golpe al sector de vegas donde el agua corría en abundancia desde todas partes. Esquivar ese campo mojado era imposible, sumergir los pies en ella era imperioso. Cómico fue el sentir el agua más tibia que los pies en le nieve casi al punto de hacerse una masa de nieve de articulaciones congeladas en una sola pieza.

Una nueva sección de ganar altura, que no era tanto para lidiar con nieve y sí suficiente para salir de las vegas con agua. Los pies tomarán temperatura con muchos kilómetros de toboganes para llevarnos al Lago Cochrane, signo de estar perfilando en los últimos K de desafío.

El sendero veloz, dinámico y precioso. Con una masa de agua imponente a la izquierda y lomas suaves circulares en todos los horizontes con una cortina atrás con picos nevados verticales a la derecha y al frente. La vida es era buena a medida que la ciudad se iba asomando detrás de las últimas trepadas, cintas rojas en postes, ya no en los árboles o matorrales, ya se veían algunos corredores alentando a los que íbamos llegando a la meta, algunas pocas dobladas por las avenidas de la ciudad y la línea final en el corazón de la última ciudad de la carretera austral; Cochrane recibía nos recibía con calidez, con un locutor alegre y el alcalde entregándonos la medalla de finisher. Fotografías de rigor y los ciudadanos participando de la alegría de vernos llegar a la meta. Emocionante en especial ver llegar a los locales a la meta pues el locutor los conocía por nombre y contando breve reseñas de ellos.

Camino a mi hostal para darme una ducha. Vuelvo a la meta para seguir en la fiesta de Cochrane Trail. En la llegada de meta avisto a Adrián, Alejandro, Yoshi, Carola, Manu, y en especial a mis compañeras de viaje; a Daniela con Loreto y a la madre de la primera, Marisol, una mujer con una historia tremenda de vida, hoy es mujer que no se pierde una fecha de LSE abrochando en esta ocasión los 35K en forma sólida en la categoría de los 50 años… Es tan gratificante verlos llegar dándolo todo…compartir ese esfuerzo individual que se une en un son al conversar de la experiencia recién vivida. Voy después con Loreto por 5 papas rellenas que comemos mientras llegan por fin todos los corredores de todas las categorías.

A la noche de ese mismo sábado viene la premiación en un escenario precioso y simple, con asado de vacuno y de cordero, papas y pancito gratis para todos los participantes. El frío se apodera de la noche y algunos arrancan a los bares y otros, nos vamos a las hostales a cobijarnos a las camas.

El trail running es una pericia medular para nosotros, sí, pero muchos quieren conocer y la carretera austral sigue siendo un gran misterio por resolver para la inmensa mayoría de los chilenos: Domingo se trata de viajar a todas partes, algunos iríamos al salto de la ciudad, otros irán a Pto. Río Tranquilo por las cavernas de mármol o el glaciar Exploradores, otros irán a la famosa Caleta Tortel para sentir esas pasarelas bajos los pies. Y otros irán por la vivencia de 3 días de navegar en kayak por las aguas del Baker viviendo la segunda parte de la experiencia de LSE.

Conversando con los corredores, nos percatamos de la magia de la carretera austral es algo inconcebible; en todas las caras de la brújula pillarás algo por ver/hacer. Cochrane es un centro neurálgico con aceptable civilización que conecta a los más salvaje de lo que va quedando de la Patagonia y es por eso que todos querían vivir la oportunidad de correr por senderos nunca antes pisados por eventos de este tipo.

Todos alucinados con sus paisajes, por lejos Cochrane en su primera edición se hace ya y así de simple, una de las mejores carreras del año de todo el país. Estamos muchos cruzando los dedos para que la versión 2018 tenga confirmación a la brevedad 

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2 Comments

  1. precioso relato Tito! como siempre, la Patagonia encanta… y así nos dejó a todos, una vez mas, prismados!

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  2. Debo felicitar al escritor, tu forma de narrar la experiencia vivida, hace que uno vaya juntamente viviendo la aventura.

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