Boifava a Ultra Fiord

Con motivo de la primera versión del Ultra Fiord tenemos la posibilidad de presentar a alguno de los competidores extranjeros que vendrán al evento de abril. En esta oportunidad pudimos entrevistar a la representante de Italia, Federica Boifava, que se autodefine como alpinista y flautista, acá en extenso para que vayamos conociendo a esta ultrarunner.

1) ¿Con el Ultra Fiord prácticamente das inicio a la temporada de carreras de ultradistancia?

No, el Ultra Fiord es la segunda cita «dura» del año. El 5 de febrero estaré en la línea de largada de La Grande Corsa Blanca, una carrera de 165 kms sobre nieve, con pulka (trineo remolcado). Es un poco una locura, pero sé a que me voy a enfrentar y me siento… entusiasmada! Digamos que la Patagonia será para mi el primer verdadero evento running de la gran distancia 😉

2) ¿Tienes algún conocimiento de Chile? ¿Sus paisajes? ¿Amigos? ¿Visitas previas?

Conozco esas tierras solamente a través de fotos, postales, libros… Nunca he puesto mi nariz tan lejos de mis Alpes, de Italia. Pero tengo una amiga especial que tiene sangre chilena (de parte de su mamá creo). Este es el único «contacto» con esa maravillosa parte del mundo.

3) ¿Cambias mucho la rutina de entrenamiento en el invierno europeo? (Previo a esta carrera).

Generalmente se suelta un poco la soga (se baja el ritmo) se «descarga» y se recuperan un poco las fuerzas esquiando. Yo soy primero que todo una alpinista y adoro subir montañas con esquí o con crampones en mis pies. Correr siempre sería muy limitante, primero que todo para el espíritu.

4) Vimos que competiste en Tor des Geants, ¿con qué experiencia se queda uno de esta carrera? ¿Podrías contarnos un poco más de ella? Considerando que es una carrera nueva que poco a poco está siendo más conocida.

He corrido el Tor en 2013 por primera vez y he llegado al final arrastrándome. He peleado con una tendinitis feroz (tendón de Aquiles) y con una rodilla hinchada como pelota, a causa de una micro fractura de la rótula y diversas inflamaciones.  Es un viaje bellísimo, que te permite probar los confines de los sentimientos y de las emociones humanas. A veces estás enojado, frustrado, desconsolado como nunca antes en tu vida; otros, por el contrario, te parece de haber vuelto a la pureza y a la alegría de un niño. Es una experiencia increíble. El Tor no debería ser vivido como una verdadera competencia, porque persiguiendo los cronómetros, midiendo demasiado el paso, concediéndose pausas con el cuentagotas, se corre el riesgo de perder esa palabra intercambiada con un desconocido compañero de viaje, ese corte de luz, ese bocado exquisito, esa sonrisa especial de los muchísimos voluntarios, ese reflejo de la luna en los torrentes… En 2014 he vuelto pero sin ceremonias o estupideces varias: sin asistencia, sola, en compañía de mi flauta. Bueno, a decir la verdad no era exactamente mi instrumento (yo toco la traversa!) pero la flauta dulce de madera que puse en mi Salomon 20L ha sido una maravillosa compañera de viaje. He tocado a los puestos de avituallamiento, la noche, en los cerros más altos, a más de 3000 metros de altura. Con las estrellas arriba y las luces frontales de los otros abajo, incrustadas como perlas luminosas en el sendero. Ha sido bellísimo, quizás el mejor «’Giro de montaña» que he hecho con las zapatillas a los pies.  Pero duró poco: al km 150 me vi obligada a retirarme. Llegaba de una lesión y de un infeliz UTMB y mi tendón tibial posterior (¿existe?) decidió rendirse. Ya no podía ni caminar. El retiro me hizo vivir un asombroso viaje de vuelta en tren, desde Courmayeur hasta Vicenza (450 km ndr), coja y con un bolso gigante. De alguna manera, he continuado con el Tor! Aconsejo a todos de intentarlo porque, conjurando los infortunios, está de verdad al alcance de todos.

5) Cada vez vemos más mujeres en la ultra distancia, pero a algunas les cuesta atreverse a estas distancias, ¿qué podrías decirle a estas mujeres que les falta solo un empujón para comenzar en estas?

A las mujeres no hay que decirles nada: de cualquier manera harán siempre lo que quieren, lo que les diga la cabeza. Y la cabeza, generalmente, la tienen bien dura!

6) ¿Cuál fue el mejor consejo que recibiste cuando comenzaste a correr por cerro?

¿El mejor consejo? Me lo dio Enrico, mi «coach» de mentira (es una broma entre nosotros). Me ha enseñado a enamorarme de la geografía, de la «forma» que toma la tierra cuando se hace montaña, y no de las competencias, de los resultados y de las medallas. Este debería ser el sentido, el Fin Propio de nuestro deporte. 

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