Agua, agua y más agua

The Great Wall Marathon: una experiencia por donde se le mire.

En el post anterior les conté de la previa. En Jixian ya éramos una especie de bicho raro y hasta el día de la acreditación no habíamos visto más “occidentales”. La gran mayoría de los corredores se quedaron en Beijing y el día antes la organización (con el respectivo paquete turístico) los movía a las cercanías del lugar de partida (un nombre irrecordable). Unos pocos llegaron a “nuestro territorio”. Nos querían quitar el protagonismo, qué se creen jajaja.

Último día y descansamos lo más posible. El día anterior había sido la visita flash a Beijing. El descanso era merecido y propicio. Últimas cargas de carbohidratos para cada uno, a preparar las cosas y dormir. Ambos – Carlos y yo –, finalmente decidimos correr con mochila por todas las advertencias del calor e hidratación.

4 am. Suena el despertador. Por supuesto, con las ansías estaba despierto antes que sonara. A la ducha y a desayunar. Claramente, el día de la carrera no podía ser un desayuno al estilo chino, por lo que comimos lo más parecido que encontramos a pan y mermelada.

Bajamos a esperar al chinito que pasaría por nosotros, con cierto temor de que nos hubiésemos entendido bien. Más que puntual, ahí estaba. Relajo. Pensábamos que las 5 am era muy temprano, pero no teníamos mucho que decir. Así había dicho la organización. Y sabia decisión, el tiempo se hizo nada.

Llegamos, el ambiente ya se sentía un par de kilómetros antes de la partida. Por nuestro lado, hacíamos caso a las instrucciones de Robin con los productos de Squeezy y a la fuerza nos tomábamos la última carga de carbo en forma de líquido (carbo load drink).

Armamos la mochila. Carlos se encarga de gran parte de los souvenirs a repartir en ruta.

Llegan todos los buses y comienza a colapsar el recinto. Como toda carrera antes de su inicio, ir a los baños es tarea titánica. Objetivo logrado y… Paf! A encajonar. Así como si nada ya partíamos. No sé en qué momento pasó la hora y media.

Mientras la “Ola 1” (de 4) entramos al sector de partida hay una autoridad china dando algunas palabras junta a una traductora. Un calentamiento rápido, movilidad articular, subir el pulso y a meterse para partir. Faltan unos 5 minutos, enciendo el GPS y el muy bastardo no quiere tomar señal. La autoridad china sigue hablando y con corredores de al lado conversando de lo que se viene. A modo de broma varios empiezan a apurar para partir. Sigue el discurso, alcanza a decir gracias y sin cuenta regresiva largamos puntualmente. Faltó la emoción de contar los últimos segundos antes de partir.

Largo con el objetivo en mente de 3 hr 50 min. Dada la partida sorpresa y la estrecha salida me hago paso hasta quedar en la posición y ritmo que me queda cómodo.

Apenas salimos ya está la gente local apoyando. Un grito que literalmente significa “póngale bencina” es lo que nos acompañará todo el camino.

Primer kilómetro, muy bien. Controlado el ritmo y a buena velocidad. Se ve que los primeros son dos maratonistas natos. Comenzamos la subida tipo San Cristóbal con un poco más de inclinación.

Antes de partir tenía ciertas ganas de ir al baño, que se las adjudicaba al nerviosismo. A los 4km una parada rápida a los pits lo soluciona.

En el Km 5 llegamos a la puerta de la muralla, donde parte lo bueno. 25 minutos tal como estaba en el plan. Partimos con unas escaleras que acercan a la muralla, algo así como 100 m y de ahí de lleno a la muralla. Aquí se comienzan a ver las estrategias de todos los corredores. En mi caso me lo tomo como carrera de trail: paso firme, constante y manos en los muslos (“power hike” creo que le llaman) en las escaleras ascendentes, ritmo de trote en donde el terreno lo permite y en las bajadas con todo. ¡De algo que sirva haber subido y bajado escaleras para tomar la micro en toda mi etapa escolar! En las subidas varios me pasan. Trato de no “calentarme” para no quemar cartuchos. Llegamos al punto más alto y me tiro de cabeza. Acá se nota que muchos le tienen miedo a las bajadas y más a las bajadas en escalera. Corro lo que más puedo recuperando puestos.

Como paréntesis, recién en el Km 6 mi querido Fénix 2 (que estaba probando) se le ocurrió agarrar señal. Mi viejo y fiel compañero el 310XT agarró antes de la partida sin problemas.

En la bajada todos muy gentiles con dar la pasada. Por excepción de un danés gruñón que no pasaba ni dejaba pasar, y cuando logré pasar al lado algo dijo que debe haber sido como “tanto que apurai ctm si igual te voy pasar”. Lamentablemente, tuvo razón jajajaja.

Terminamos la bajada de escaleras y toca rodear la plaza por la misma muralla. Alrededor de 1k. ¡Oh, sorpresa! Apenas tengo visión de la plaza, ahí va el primero. Me da confianza y seguir con el plan. Hasta ahora sigue todo bien, aunque debo decir que ya estoy un poco aburrido de la mochila. “Para qué la traje” pienso, y claro… Si aún no hacía calor y con tanto escalón el movimiento hacia arriba y abajo de la mochila, por más apretada que estaba, igual agota.

En fin, viene el pavimento bastante plano. A tomar ritmo y mantener. ¡Ups! Después de tanta subida y bajada me cuesta más que otras veces soltar la zancada. Chequeo mental de las partes del cuerpo, postura correcta y a ponerle. Veo un cartel de los 9k y lo tomo como referencia para sacar cuentas. Ese mismo sería el 33k. “Nos vemos en 24k” pasa por mi cabeza y empiezan las cuentas de tiempo.

De mano de lo mismo el sol ya empieza a hacer lo suyo. Y, para qué estamos con cosas, el cansancio de las escaleras también.

El terreno es plano y en su mayoría pavimento. Mis expectativas eran más de camino de tierra. El pavimento refleja el calor casi como espejo. “¡¿Cómo puede cambiar tan rápido la temperatura?!”. Hasta ahí ya llevamos varios puntos de hidratación. Creo que solamente me salté el primero.

Se comienzan a echar de menos los isotónicos no-chinos.

Bordeamos un río y nos adentramos a los pueblos más pequeños, casi aldeas. Todos los niños salen a saludar y a pedir chocar las manos.

Al parecer, sigo en un grupo competitivo. ¡Casi ninguno les choca la mano a los niños! Creo que por mi lado no perdí casi ningún choque de mano. Emotivo ver a los niños saltando así. Una vez al año ven a gente occidental y los reciben con mucho cariño.

El trote sigue y nos adentramos más, sé que en algún lado hay una especie de loop.

Un poco menos de los 20k y la verdad ya me siento bastante mal. Control mental y a seguir. 21k y ya comienza el calvario. Me alcanzo a cruzar con el primero, un local que iba sólido. Le grito dando ánimo. Con la mirada y sonrisa agradece.

5k de diferencia. 5k que eran la vuelta donde me sentí pésimo, no sé si será la peor parte de la carrera en cuanto a ritmo, pero sí a sensación.

¡Qué manera de ser aplastante el calor! La gente local es la que más ánimo me da. Hasta corren conmigo. Se agradece por montones el ánimo.

Terminando la vuelta me pasa una chica que quedé impresionado. De short bastante corto y que producto del roce entre los aductores llevaba algo así como un área de 10x10cm (al menos) en cada pierna como herida. Es inevitable pensar “y uno se queja cuando tiene una herida chica por roce y ella como si nada”.

Ya va quedando menos para encontrarme con ese cartel de los 33k. Entremedio había consumido un par de geles de Squeezy. No soy alguien que habitualmente consuma, por lo que no es de las mejores sensaciones. Sin embargo, para quienes lo hacen regularmente seguro debe ser buena opción. Mucho menos espeso y nada de molestia al estómago.

Pero bueno, eso me mantenía bien hasta ahora. Al menos en cuanto alimentación. Por el calor, imploraba un cubo de hielo gigante.

Como les contaba, había consumido geles, me seguía siendo necesario tomar agua junto a él. Hasta que me decidí probar uno de los geles que ya vienen diluido. ¡Oh! Manjar de los dioses. Increíblemente sabroso y mucho más efectivo. Esto me despertó bastante. Y la verdad que por el sabor hasta lo usaría sentado en la oficina.

Seguimos el trote un tanto monótono por ahora hacia el pavimento. Entremedio un pequeño break pasando por unos 400 m de una viña o algo similar. Espectacular.

Una buena bajada antes de empalmar camino a una aldea y retomar el camino que ya habíamos hecho. “Querido Km 33, ¿ dónde estás?” claramente con otras palabras. ¡Hasta que aparece!

Esto sube el ánimo y ayuda a volver a tomar un poco más de tiempo. A estas alturas el plan de tiempo se había ido a las pailas. Sacaba cuentas y debería ir en las escaleras. “Bueno, no es tan terrible todavía”.

Hasta que llegamos por la plaza, lo que es un poco psicológico. Voy pasando por ella y llega el primero. 8k de diferencia y sigue mi cabeza sacando cuentas.

Nada que hacer, a ponerle. El calor me tiene mal. En cada puesto son dos botellas que van directo a mojarme. Pasamos por la plaza, se cruza el puente y te dan una pulsera para marcar que ya pasaste. Lejos el mejor regalo, casi mejor que la medalla de finisher. Se vienen las escaleras.

Al muy pájaron se le olvidó con la emoción que ya venía cansado, mal con el calor y con varios kilómetros encima. Subí corriendo toda la primera escalera y… Ahí quedé. Me dio un bajón que me dejó mal… mal.

Acá todos iban cayendo, cada uno por sus diferentes razones. Lejos el peor error fue tomar esa escalera corriendo, debiese haber sido a paso firme y tranquilo.

Esto me pasó la cuenta casi inmediatamente y me costó recuperarme. Cuando finalmente apareció la bajada, el san Cristóbal al revés, fue un suplicio de dolor de espalda media-alta. Recordaba las palabras de Juan, de MedPro, cuando me preguntaba si había tenido dolores en la espalda al correr por lo apretada que está normalmente. Y la respuesta era… “no”. ¡Habrá que pegar una revisión técnica a la vuelta! Jajaja.

Ya no queda nada y lo estoy pasando pésimo. Un gringo y luego un alemán son los que me “tiran” y me ayudan a llegar. El dolor de espalda es tal que ni la emoción del último kilómetro me deja correr. Finalmente, cruzo la meta. ¡Ufff! Como dolió conseguir terminar la carrera. Esos últimos 8k fueron algo así como 1hr 40 minutos. ¡Logro conseguido! Pero me sigo sintiendo agobiado por el calor. Estoy pendiente de Carlos, aún pienso acompañarlo en la última vuelta. Pasa el rato, logro conversar con otro corredor de El Salvador que nos conocimos en la partida y compartimos ruta. Algo así como 20 minutos y aumenta el malestar.

No me queda otra que ir a refugiarme en la sombra. Cuando logré encontrar un lugar fresco caí en un sueño profundo. Al parecer el calor era el culpable de todo. Por estar durmiendo no logro ver pasar a Carlos. Pero después muy pendiente hasta su llegada.

Felicidad compartida apenas llego.

The Great Wall Marathon le hace honor a los diferentes rankings. Completamente recomendable, muy linda carrera, calurosa y durísima. ¡Hay que hacerla! Compartíamos en el “análisis” post carrera con Carlos, que aparte de la dureza de la carrera, ambos odiamos la mochila en algún minuto. Sin embargo, los dos terminamos dando las gracias de ir con ella. Nos terminó salvando. Hasta el día de hoy le doy vuelta de si será mejor idea ir sin ella, dado que todos los primeros iban sin nada de apoyo y a ratos pensaba que la misma fomentaba el calor en la espalda. Pero el menos desde mi experiencia, la recomiendo después de todo.

El último comentario para ir cerrando, en un post anterior comentaba que desde afuera se ve una carrera con buena mezcla para alguien de trail. La verdad, para alguien de maratón de calle es mucho más abordable. La cantidad de kilómetros con desnivel importante y escaleras no es mucho. En total, según el GPS (viejo) fueron 991m desnivel positivo en los 42k. De escalera misma son algo así como 3k, y dado que pasamos dos veces en diferentes sentidos. Espero que les sirvan los datos desde la experiencia y sobre todo para la planificación para quienes vayan. Cualquier cosa/duda/consejo quedo a disposición de quien quiera! 🙂 

Ignacio Rodriguez Aedo

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