100K UF | Todo empezaba a tener sentido

¡Mañana lluviosa y helada! Todos partimos de la plaza principal de Puerto Natales, con destino al Parque Nacional Torres del Paine, con las luces del omnibus cortando la oscuridad. Así fue el inicio de un sueño sin fin, llamado Ultra Fiord 100K.

Todo empezaba a tener sentido. Me encontré en un lugar nunca imaginado, entre senderos y saltos, exploré terrenos desconocidos, el suelo hacía ruido, el sonido de los pájaros, de los ríos que fluyen directamente de la montaña, hasta escuchar al viento, que soplaba desde lo alto de la montaña blanca y lucía un ambiente mágico y asustador. En este momento, la madre naturaleza me tranquilizó y me dio fuerzas para continuar en mi jornada interminable.

En los bastidores de mi preparación final, las condiciones climáticas para el gran día no permitieron que el recorrido fuera el mismo que el año anterior, esto de cierta forma le puso pimienta a mis planes y simplemente no pude dormirme antes de terminar todas las adaptaciones y estudio del nuevo recorrido.

Me levanté a las 4:40 el día de la prueba. Me preparé y salí del lugar donde estaba hospedado. Sentía el frío que quemaba mi cara y después vino la lluvia. En ese momento se me pasó por la cabeza una breve película de toda mi preparación y sueños de conocer la Patagonia. Ya estaba en la región de la prueba hacía 4 días, y tuve la oportunidad de ir al Parque Torres del Paine para intentar hacer una probable aclimatación, pero fue en vano, ya que no conseguí llegar al lugar exacto de la corrida. De todas formas exploré el parque junto con un grupo de turistas que llegaron por una agencia de turismo ubicada en Puerto Natales.

Sentí más frío que los demás. Bajo la lluvia me abrigué hasta que llegaron los ómnibus y salimos para la corrida, que en realidad era un sueño. Me ubiqué en los últimos asientos del ómnibus y a mi lado se sentó un señor colombiano y conversamos un poco. Después nos dormimos y recién nos despertamos cerca del lugar de la largada de la prueba. Todos bajaron mientras yo me preparaba para el frío que era constante, junto al colombiano que en ese momento dijo: “Último a salir del ómnibus y primero en llegar en la corrida”.

Estábamos en las instalaciones del Hotel Rio Serrano y me encontré con dos amigos brasileros que me pasaron fuerzas y me motivaron para encarar la largada. Salí y me fui a hacer una breve entrada en calor y a pedir fuerzas divinas para la largada. Después nos llamaron para comenzar la prueba y allí estaba yo, midiendo cada paso para no cometer ningún error, al final del pelotón de frente. Luego nos quedamos solo 3 atletas: un atleta canadiense, mi compatriota Fernando Nazário (campeón de la edición anterior) y yo.

Pasados aproximadamente 10km de prueba, el atleta canadiense desapareció de nuestra vista. En seguida pasé a Fernando, y durante la busqueda solitaria, intenté una mayor interacción con aquel tipo de floresta inigualable y grandiosa. Las hojas secas crujían al pisar el suelo, las raíces de los árboles eran inmensas y el terreno se mostraba desafiador a cada kilómetro recorrido…

Desde lo alto de la montaña, la nieve era mi desafío más grande, y tuve miedo, pero ese sentimiento no me contagió. Frente a toda la magia que aquel lugar me transmitía, yo corría y paraba para observar las montañas más altas y para ver la nieve que caía sobre mí. No lo podía creer y, al mismo tiempo, el deseo de seguir y superarme en esa distancia me dominaba. Después fui desafiado por fuertes vientos en lo alto de la montaña y seguía corriendo y saltando sobre las piedras cortantes y asustadoras, para mí nunca antes vistas. Fui obligado a detenerme por el viento fuerte y ponerme los lentes, ya que no podía ver. Más adelante me detuve en un punto de apoyo en lo alto de la montaña, realicé mi check point y pregunté por el atleta canadiense. Me informaron que había pasado hacía pocos minutos y rápidamente tomé coraje para continuar y no quedarme parado en el medio de la nieve.

Empecé la bajada y todo se fue calmando… Cruzando un río que brotaba de una montaña gigante de nieve. Ya no le tenía miedo a la nieve que había quedado en lo alto de la montaña. Me sentía seguro, sin embargo sentía frío e intentaba correr más fuerte en un trecho de senderos con bajadas desafiadoras. Tenía miedo de caerme y lastimarme, pero las ganas de correr eran más fuerte. Seguía cayendo nieve y me encantaba. Me sentía un niño realizando un sueño. Después de cruzar algunos ríos, cerca del km 35 los bastones de señalización de la prueba me llevaban a lugares descampados. Yo trataba de correr, pero mis pies se hundían e intentaba pisar lugares más firmes. Como no los encontraba, corría y paraba todo el tiempo. Pantanos con lodo interminables, como son llamados en mi tierra natal.

En el km 43 pude ver al canadiense y, por un momento, me quedé observando el ritmo en el que él estaba corriendo. Me aproximé y me dejó a la cabeza de la corrida. En ese momento tuve la oportunidad de liderar la prueba por primera vez. Durante algunos kilómetros nos estuvimos turnando hasta que llegamos a la Estancia Perales, donde nos mojamos todavía más, ya que cruzamos un río grande para llegar al otro lado, donde había un punto de apoyo con nuestras bolsas (drop bags), con parte de algunos equipamientos extra y reservas de alimento.

En el punto de apoyo había una estructura para los atletas y para cuidados necesarios. El staff ofrecía ayuda todo el tiempo y frutas, comida, isotónico y agua. Me cambié las zapatillas y me puse medias secas. Estaba en mis planes cambiarme la ropa, sin embargo no podía perder tiempo. Comí un poco de arroz, chorizo y huevos, ya que hasta ese momento me había alimentado de geles y algunas frutas secas, papa con aceituna e isotónico. Después volví a la corrida buscando en ese momento una lideranza segura y alejarme de todos los adversarios.

Continué por rutas de tierra con piedras pequeñas sueltas y en ese momento un sol tímido apareció para darme fuerzas en un terreno que me dejaba correr a un ritmo más fuerte, allí sí podía correr… Después de recorrer 70km se quedó encubierto y empezaron los vientos fuertes y la nieve. De nuevo me puse un rompeviento extra, guantes y gorro que llevé en la mochila. Continué en una batalla interminable.

En esos kilómetros finales pasaba por los puntos de apoyo y hacía paradas cortas, solo para relajar la mente y darme seguridad de que había hecho algo y afirmarme que sería posible ser el campeón de los 100Km. Lloraba y peregrinaba por interminables kilómetros hasta llegar a la ruta 9, lugar donde pude correr algunas veces, durante mi estadía en la ciudad… Me sentí seguro. Ya no miraba para atrás, hasta entonces siempre intentaba monitorear si había alguien en mi campo visual acercándose.

El sueño continuó y crucé la línea de llegada, bajo la nieve. Festejé y realicé un sueño más, que para mí, ya había sido un premio precioso comparado a las ganas de cruzar la línea de llegada en el primer puesto de los 100km, en 10h38m – Fernando Nazário terminó en segundo lugar, en 10h49m, y el canadiense Robert Etienne quedó tercero, con 10h55m-. El sueño fue ver la nieve y conocer la Patagonia chilena, que antes solo la había visto en los programas de “Globo Reporter”, y en investigaciones y libros. 

Weliton Carius
Ultramaratonista brasileño
Traducción: Paula Di Luciano

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1 Comment

  1. ¡¡Felicitaciones profesor!! Es sólo el comienzo de una gran carrera muy exitosa! Su esfuerzo, coraje y determinación son fuente de inspiración para nosotros! ¡Sigue así!

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